domingo 21 de octubre de 2007

EL TERRITORIO, LA BASE DE LA VIDA

Dejando de lado definiciones administrativas o políticoeconómicas, tendríamos que decir que el territorio es una porción de superficie del suelo que está a nuestro alrededor, en la que vivimos y de la que nos sentimos parte. Habría un territorio personal o de un grupo humano: pueblo, comarca, nación... Es la base física sobre la que nos hacemos personas en comunidad y crecemos como tales.

Para sentir el territorio como propio se debe haber explorado y aprendido desde la experiencia y el contacto con su extensión y todo lo que vive y permanece. Sin embargo, en estos momentos, el territorio de muchas niñas, niños, jóvenes y adultos es un trozo de la ciudad, el patio del colegio, la zona de pubs, el puesto de trabajo, un kilómetro de playa o el habitáculo del automóvil.


Sin un conocimiento del territorio por las generaciones más jóvenes es imposible pensar que nadie pueda defenderlo para el presente y para el futuro. No se defiende lo que ni importa ni se ama. Amando el propio territorio no se hubieran impulsado, realizado o consentido tantas barbaridades urbanísticas y proyectos de destrozo del paisaje, de la naturaleza, de los ríos...

Hace años el territorio más cercano, el local y comarcal, se iba aprendiendo con las expediciones infantiles por el pueblo y sus alrededores, las excursiones juveniles de Pascua por el término, el desplazamiento al huerto o al terreno de secano con el abuelo o el padre a realizar las tareas agrícolas. Esto parece haberse acabado, y ni la escuela –a la que se le suele encargar todo- de eso se encarga, y el territorio no se puede aprender a los libros ni a Internet ni a la televisión. Es por esto que instituciones públicas o privadas deberían poner el territorio al alcance de toda la población. Aquí a cerca, dicen que la Mancomunidad de la Ribera plantea unas rutas comarcales en bici, cosa que buena falta hace; o el Ayuntamiento de Alzira que ha empezado a limpiar una parte de la Vía Verde Carcaixent-Dénia.

Eduard Sarrió y su Fitzcarraldo bajando su RÈQUIEM por el XÚQUER en barca, (leemos lo que nos dice Salvador Llàtzer sobre esto en Alquibles) o las Propuestas para Generalizar el Uso de la Bici de Pedro Gento (leer Propuestas) son dos ejemplos de toques de atención en cuanto a la conciencia del territorio y su aprehensión.

Los Ayuntamientos, las Mancomunidades, la Generalidad deberían tomar partido y poner ideas y presupuestos para que toda la población de un territorio lo conozca y lo estime como es debido y compartan esta experiencia y conocimiento. Porque el territorio es la base de la vida personal y social.

sábado 21 de abril de 2007

ADOLESCENTES: PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Quien son adolescentes?

Ni niños ni adultos en medio de una nada confusa y ambigua. La edad de inicio estaría alrededor de 9-12 años, variando según el niño y el sexo. Y suele durar alrededor de 10 años, también en función de la sociedad en que se encuentre. Por ejemplo en algunas tribus, el paso de la infancia al adulto se hace de golpe, no hay un período de paso como el de adolescencia.

¿Los adolescentes son conflictivos?

Tal vez sí, pero también es cierto que estudios muy recientes contradicen la idea de que la tensión y el malestar psíquico sean una parte normal y necesaria de la adolescencia. No tendría que ocurrir que los adolescentes, por el hecho de serlo, sean conflictivos. Los adolescentes que atraviesan por conflictos serios y crisis de identidad, necesitan ayuda por estos problemas, no por pasar por un período de crecimiento determinado. Como período de crecimiento es diferente a otro.

¿Adolescentes, rebeldes o amigos?

Es un poco como una caricatura de la adolescencia: un grupo de amigos inconformistas y que se rebelan contra casi todo.

El adolescente, que ya no es un niño ni una niña, va construyendo poco a poco lo que al final será un adulto, con una identidad propia y formada y la necesaria autonomía personal. Para llegar a esto, los jóvenes empiezan a pensar en criterios propios, a ensayar conductas diferentes y a querer hacerlas valer delante de la familia. Los padres y madres empiezan a tener miedo del ansia de libertad de estos hijos e hijas, de sus discrepancias, de los enfrentamientos casi diarios, de la oposición sistemática.

No son unos niños pero los padres siguen estando preocupados por ellos como antes, cuando eran unos niños. La obediencia que el hijo tenía cuando era niño ahora es imposible y le resulta a él mismo molesta e insoportable. La niña a la que le gustaba ir con los padres ahora quiere ir con su grupo de amigos. Y los padres pueden no entenderlo a la primera, porque es difícil para las madres y padres percatarse que las hijas e hijos se hacen mayores.

Y de aquí que empiecen las disputas familiares, donde el adolescente estirará hacia fuera y la familia hacia adentro. Él, queriendo defender el que piensa que son sus derechos y los padres queriendo imponer su autoridad.

¿Es negativa esta rebeldía de los adolescentes?

Habría que preguntarse antes que nada qué personas queremos que sean nuestros hijos de adultos: unas personas que digan sí a todo, que no sepan defender sus intereses, que sean sumisas en sus relaciones interpersonales, o unos adultos que sepan defender sus opiniones y que digan lo que quieren y sienten e intenten conseguir lo que desean? Las madres y padres estamos ayudando a los nuestros hijos a crecer, y crecer quiere decir hacerse personas adultas.

Es por eso que si los adolescentes están aprendiendo a ser adultos, es normal que vayan ensayando conductas de adulto, de autonomía y de independencia, en una actitud alejada del conformismo. Serán inconformistas y rebeldes e irán aprendiendo a ser mayores.

Un joven incapaz de dar la cara ante nadie, de defender lo que piensa, de hacer valer sus derechos, supone un problema más grave que un joven inconformista y rebelde. Los padres debemos saber discernir entre aquellas conductas de chapuzaría infantil a aquellas otros de inconformismo adolescente. Y sus actitudes agresivas, insolentes y descaradas no deberíamos tomarlas como ofensas imperdonables, sino como errores en su sistema de aprender a ser adultos en libertad.

A veces los padres toman mal estas actitudes, porque sus hijos e hijas adolescentes les hacen ver las contradicciones entre lo que los mismos padres dicen que hay que hacer y el que ellos hacen. Porque en estas edades también son idealistas y desinteresados, siendo un buen momento por iniciar actividades solidarías, de ayuda o acodamiento a actividades sociales.

¿Y cuando se alejan de los padres, se acercan a los amigos...?

El adolescente tiene una necesidad de comunicación, de relación con personas semejantes a ellos, que estén en un momento de su crecimiento semejante. Y de aquí que se junte en grupos de amigas y amigos. En estas cuadrillas inicia el aprendizaje de un contacto interpersonal más maduro que el que tenía antes con los amiguitos de la escuela. Necesita un calor afectivo, intimidad y profundidad en las relaciones, y va aprendiendo en que tan importante es dar afecto como recibir.

Y en la familia no se puede encontrar esto?

En la familia puede encontrar amor, seguridad, confianza... pero de sus padres y hermanos. No de unas personas con las que ha elegido ir y estar.

Muchas veces las madres y padres tienen celos de los amigos de los hijos. "A ellos se lo cuenta todo y a mí no". "Prefiere ir con sus amigos que con nosotros" 0 "yo zueco amiga de mi hija". Cabe pensar que ser padre o madre no es el mismo que ser amigo: Los padres y madres no deben ser amigos de sus hijos. Un amigo o amiga es alguien al quien hemos elegido y un padre o madre no se puede elegir sino que nos viene impuesto, y no podemos dejarlos cuando nos enfadamos con ellos. Los padres y madres deben intentar ser eso, buenos padres y madres, con todo lo que eso significa.

Como podrían definirse esas relaciones de amistad de los adolescentes?

La amistad del adolescente suele ser selectiva y exclusiva, desinteresada y no calculada. Les gusta estar juntos, les gusta compartir experiencias y sentimientos con estas personas que son como ellos.

Con sus amigos y amigas el adolescente llega a conocerse a si mismo. La situación del amigo o amiga le explica su propia situación y la ayuda a modificarla.

También buscan y encuentran seguridad y apoyo en la amistad, pudiendo expresar lo que piensan y lo que sienten sin miedo a ser rechazados o apartado por ello.

Hay quien entiende esa amistad del adolescente como un sucedáneo del amor, o como una forma de aprender el amor de pareja. En ocasiones, sin que haya relaciones de pareja, suelen aparecer situaciones de celos entre amigos y amigas. Debemos pensar que en estas edades se está aprendiendo todo, y también las relaciones entre las personas y los sexos.

El adolescente va dejando de ser un niño?

Si, y por eso que lo más importante es que el adolescente va aprendiendo a ser mayor desde la familia, de donde viene y con quien está, y con unos amigos que va escogiendo. Y los padres les debemos facilitar este crecimiento, porque es nuestra responsabilidad.

Y esto a veces cuesta, porque si los hijos se hacen mayores los padres se percatan de que ellos mismos van haciéndose más mayores también.

domingo 15 de abril de 2007

LIBROS, LECTURAS Y EDUCACIÓN EN VALORES

Mientras los libros tienen una realidad física, con papel, cartón, páginas, letras y espacios en blanco, los valores o principios no son nada si no se concretan en actitudes –que se adivinan- y comportamientos –que a veces se sufren-. En un mundo cada vez más desgajado, donde la cordura se esconde en las grietas del entendimiento compartido, me da miedo escribir de valores, de valores y escuela y, más aún, de valores, escuela y libros. Pero reconozco que son tres conceptos, formados de muchas realidades diversas, que pueden multiplicar sus ganancias al confluir en una misma actividad o proyecto con objetivos definidos.

Los valores son algo abstracto que se incrusta en el conocimiento poco a poco desde el nacimiento, en la familia, en la televisión, en la calle y a la escuela. Se aprenden copiando, sin saber que se aprenden, y al contarnos los estudiosos que se han aprendido algunos todos nos ponemos las manos a la cabeza.

La escuela es el instrumento que la Sociedad se ha dado para socializar los niños y que aprendan a estar con otros iguales y adultos, para que vayan haciéndose ciudadanos, para darles herramientas de conocimiento y para tenerlos unas horas al día, unos días a la semana y muchas semanas al año, que la madre y el padre deben trabajar.

Los libros son unos aparatos preciosos y casi perfectos en su diseño, algunos de los cuales deben aprenderse para examinarse después, y otros se leen por placer. Puede dar miedo pensar que los libros de leer –que se leen por el placer de leer libros- puedan utilizarse en la escuela para enseñar valores; pero no es el caso, porque los valores no se enseñan. Aunque todo lo que se hace la escuela tiene en su base y por el medio unos valores que se intentan transmitir, adrede o sin querer, qué la escuela ni es neutra ni lo puede ser, que tiene el encargo legal de orientarse hacia unas finalidades claras, unos valores: el respeto de los derechos y libertades, la igualdad entre hombres y mujeres, la no discriminación por discapacidad, la tolerancia, la libertad dentro los principios democráticos de convivencia, la resolución pacífica de los conflictos, la responsabilidad, el esfuerzo, la paz, la cooperación, la solidaridad, el respeto al medio ambiente, a las lenguas y a las culturas, el ejercicio de la ciudadanía y la participación. Conductas o estados finales positivos que favorecen el individuo favoreciendo el resto de la sociedad

Los valores se educan, s'aprehenden, se incorporan a las estructuras de pensamiento de cada uno al tiempo que se vive, al enfrentar como protagonista o espectador los acontecimientos más cotidianos y los extraordinarios.

Para trabajar en la escuela la serie de valores enumerados arriba, el grupo-clase debería estar presente en muchas situaciones y resolver muchos conflictos. Que en la vida real ni se presentan todos en horario lectivo ni delante o en medio de un grupo de escolares ávidos de acción. Y aquí entran los libros, como contenedores de historias con personajes, planteamiento, desarrollo y resolución; con protagonistas, escenas y palabras que no se van ni se recuerdan de diferente manera según el momento y la excitación. Y siempre pueden volver a revivirse, leyéndolas. Además, las historias pueden estar también ilustradas, lo cual puede ayudar a experimentar mejor la historia de manera individual o colectiva.

Las historias que nos presentan los libros, seleccionadas y adaptadas según el entendimiento que se supone a los posibles receptores, pueden ser herramientas para tratar algún de los valores que se plantean en los documentos del centro. Porque los objetivos educativos deben plantearse por poder evaluar después los resultados. Y los centros educativos deben tener muy claro qué, por qué, como y cuando quieren proponerle al alumnado.

Y ¿qué se puede hacer con los libros y las historias que se explican, por tratar en la clase temas alrededor de los valores? Muchas cosas, como con las historias que cuento el alumnado, las que se ven a la televisión o las que se viven en el patio: son la materia prima desde donde empezar a construir. Por ello, es fundamental hablar entre todos de eso, abrir debates, utilizar la palabra. Porque la palabra, dicha, escuchada o leída, conforma el pensamiento.

Y con las palabras de los libros y las palabras del diálogo y el debate se pueden plantear las diferentes actividades:
  • ENTENDER QUÉ PASA, POR QUÉ PASA Y PODER CONTARLO. En primer lugar, hay que entender la historia o las historias que se cuentan en el libro y saber qué cosas pasan y a causa de qué. Averiguar las causas y las consecuencias, en relación al valor que se haya elegido por tratar. Normalmente, dejando aparte las loterías, una vez has decidido jugar, las cosas no pasan porque sí; suelen ser consecuencia de un hecho anterior y causa de hechos posteriores. No hace falta que sea el argumento total del libro, puede utilizarse alguna parte donde ocurra algo que sea relevante en relación a los objetivos pedagógicos. Después puede empezar a jugarse con la historia y los personajes a otros juegos:
  • JUEGOS DE ROL. Dramatización por parte del alumnado de algunas pequeñas escenas del libro, para que los actores puedan averiguar qué sentirían los personajes y como reaccionarían si fueran ellos mismos. Se trata de un entrenamiento para ponerse en el lugar de los otros; ahora, de quienes salen al libro.
  • QUÉ PASARÍA SI... Solo al cambiar algo puede verse como cambia todo. El maestro propone un momento de la historia donde se plantean diferentes posibilidades, y el alumnado, en pequeños grupos, continúa la historia en diferentes historias divergentes, lo explican a los compañeros y compañeras y observan los diferentes argumentos que se abren como las ramas de un árbol.
  • DESDE EL FINAL AL PRINCIPIO. El alumnado sólo conoce la parte final del libro y deben ir explicando la historia de atrás a adelante, haciendo que sea coherente. Al acabar, se lee la historia real que el autor había escrito.
  • LEER Y CONTAR. El libro lo empieza a leer en silencio un alumno o alumna. Después lo cuenta resumidamente al resto del grupo, que le van haciendo preguntas para llegar a entender la historia. Sólo se contesta la que se pregunta, y lo que no se sabe se puede inventar. Se va continuando leyendo en silencio y contando a los compañeros hasta que acabe la historia.
Estos juegos, y muchos otros que se pueden inventar las maestras y los maestros, se deben aprovechar por hacer muchas preguntas y suscitar muchas respuestas: ¿Por qué ha hecho esto?, ¿Qué habrá sentido?, ¿Qué pensará?, Tú, ¿que harías? Tu madre, ¿que diría? ¿Y tu abuelo? ¿Como te sentirías si...?, tomando el argumento siempre como una excusa y un ejemplo de retales de vidas contadas. Quizá antes o después, al batir y debatir la historia le tome gusto al tema y lo comente con los amigos o con la madre, Y quizá también, le busque más libros solo por placer de leerlos.

(traducción del artículo publicado en a la revista l'Illa, d'Edicions Bromera, núm. 44 Hivern 2006)

lunes 19 de marzo de 2007

LA FAMILIA, DEL PRINCIPIO AL FINAL (un primer repaso)


Una familia es el lugar donde un animalito indefenso llega, poco a poco y año tras año, a ser una persona que piensa, habla, estima, forma un familia... No hace falta ni decir que el animalito humano no llegaría a ser nada si no se lo amamantara, abrigara, limpiara, enseñara a caminar, a hablar, a controlarse, a vivir.

Cualquier cachorro de cualquier especie es capaz de valerse por si mismo. Aunque sea como el cangurito, que debe estar meses a la bolsa marsupial de su madre, pero que pequeño como un garbanzo es capaz de ir subiendo por toda la tripa, entrarse a la bolsa y ponerse a cerca del pezón por ir bebiendo la leche.

El humanito –el cachorro humano- debe aprender a ser persona, poco a poco, con la ayuda, la guía, el acodamiento constante de una serie de personas que están a su alrededores, y al que nombramos “ la familia”. No tanto porque sean de la misma “sangre” como porque son del mismo vivir y convivir, como se puede comprobar en los hijos adoptados. Incluso se parecen a los padres adoptivos en el porte, en el habla, en los gestos y, evidentemente, en la manera de vivir y entender el mundo y la vida.

La familia es el lugar donde los humanos llegamos a ser personas, sea una familia patriarcal mediterránea –donde convivían diferentes generaciones compartiendo la casa, las tierras, el trabajo la cotidianidad y la autoridad de un padre o una abuela-, o una familia monoparental –donde los hijos viven solo con la madre o el padre por separación o divorcio, muerto o simplemente porque la madre no formó pareja con el padre. Cada modelo de familia tiene sus características propias, pero todos los modelos de familia pueden producir –y de hecho producen- personas humanas adaptadas a la sociedad.

Una de las experiencias más curiosas para los niños pequeños es comprobar como en otras familias –en otras casas- las cosas no se hacen de la misma manera que en la suya. Por ejemplo, no es tan importante comer todos juntos, o se come en la cocina de cualquier manera, o se para una mesa de lo más bien puesta en cada comida; quizá haya un ambiente gritón, donde todos hablan y ríen, se escuchan o se cortan cuando los viene bien, o quizá sea una casa donde solo se habla cuando se tiene algo importante que comunicar; donde se nota que todas están pendientes de todos o, por el contrario, cada uno va a lo suyo. Las niñas y los niños pequeños, que pensaban que vivir era lo que se hacía a su casa, como se hacía a su casa y con las reglas que se tenían a su casa, se percatan que a las otras casas hay otras reglas diferentes a las de su familia. Y que aquella familia funciona de diferente manera a la suya y que no pasa nada.

Cada familia tiene un sistema propio y diferente, que ha ido elaborándose poco a poco desde mucho antes de que los novios –futuros padre y madre- se casaran y/o empezaran a vivir juntos. Porque cada uno de ellos llevaba a su ningún una estructura de familia de su casa, un sistema que había ido haciéndose desde que sus padres –los abuelos de los que serán sus hijos- se casaran, y que había sido elaborado en base a la idea de familia que cada uno de ellos llevaba de sus familias respectivas. Para cada persona el concepto de padre o madre está basado, para bien o para mal, en el que ha conocido y ha vivido en el seno de su familia desde que nació. Las reglas de juego de esa familia – quien manda, cuando se come, cuando se puede hablar, qué se puede y no se puede decir, qué es divertirse, a que se tiene derecho, en que se gastan el dinero...- conforman la idea de lo que para él o ella es la familia, y a la hora de formar la suya es lo que ponen encima la mesa. Y en seguida se extrañan que para ella –o él- las cosas no sean como son para él –o ella-.

Cuando empiezan a convivir en pareja se percatan que ni las palabras ni los conceptos que los parecían tan claros y firmes lo son realmente. Y es en los pequeños detalles donde más pueden chocar al principio: la ventana abierta o cerrada, el pestillo pasado en el baño o no, alzarse tarde o temprano los domingos, ir a comer sábados en casa de él o de ella... Y será cuando tengan hijos y deban poner en marcha otro papeles del teatro familiar cuando se percatarán que tienen más ideas diferentes sobre como funciona una familia y, por ejemplo, qué es ser padre y ser madre, quien se levanta por la noche o quien cambia los pañales, de que se hace cargo cada uno, quien se responsabiliza de decirle la hora de volver en casa, quien manda callar o quien habla...

En cualquier familia se contraponen dos maneras de ver el mundo y la vida, abonadas por años y años de historia y cultivadas con gozos, lágrimas, ganancias y decepciones. De eso no se puede huir, pero se puede saber que hay las diferencias, aceptarlas y probar a inventar un sistema familiar diferente al de él y al de ella. Porque hay que tener en cuenta que, si las cosas se hacen como la familia de él o de ella simplemente, siempre habrá un que gane y el otro que pierda. Y debemos saber que cuando alguien pierda después se debe vengar, aunque no quiera... Lo necesario es hablarlo todo y tomar decisiones compartidas, negociando, llegando a acuerdos y no aceptante las imposiciones de ella o de él sin decir ni mudo aunque parezca que eso es la que toca “porque el/la quiero mucho”.

Los hijos aprenderán las reglas familiares que viven en casa, pero se bueno que vayan conociendo que hay otras formas de entender el mundo y la familia. Sabiendo, evidentemente, que en casa mandan el padre y la madre, que son los responsables de su educación. Porque a las familias los responsables máximos son el padre y la madre, y son los que mandan y deben tomar las decisiones. Pueden pedir opiniones, hay que debatir y consensuar, pero la palabra final es del padre y de la madre, que deberán tener claro qué es lo que quieren para los hijos en la vida, cuál es su objetivo educativo.

La familia debe educar sus hijos para que vivan en medio de la sociedad y puedan valerse autónomamente. La autonomía es el objetivo final de la educación, la concreción práctica y real del crecimiento de las personas; una autonomía que se debe complementar con un sentimiento vivido de ser parte de una familia que ha ido formándose poco a poco a lo largo de la historia. Estar preparados para vivir en medio la sociedad quiere decir tener los elementos necesarios para soportar el alud de mensajes tanto contradictorios que ahora mismo cuartucho sobre todas las familias y todas las personas. Hay que ser autónomos por poder decidir en cada momento qué hacer y como actuar, sin sentirse obligados a actuar porque lo mando la televisión o "lo lleve el tiempo".

El problema del consumismo actual, que provoca las compras exageradas y compulsivas -mucho más exageradas y problemáticas en los jóvenes que en los adultos-; el creerse que se tiene derecho a todo sin ninguna obligación ni responsabilidad; la pérdida y falta de control del tiempo y de las actividades de ocio; el desbarajuste en la alimentación que provoca trastornos graves de anorexia, bulimia, comilitonas o ayunos sin medida por intentar conseguir unos esquemas corporales imposibles; la falta de proyectos de futuro de los infantes y jóvenes...Son solo ejemplos de las cuestiones que se deben resolver desde la familia y con la familia, registrando en su historia y aprovechando toda la fuerza de cambio que seguramente encontraremos, con la cohesión y la seguridad necesaria que da sentirse miembro de este grupo social básico e imprescindible para la vida personal y social.

Porque la familia es el lugar donde los cachorros humanos -animalitos peladitos e indefensos- llegan a ser y siguen siendo personas humanas.


EL DEPORTE INFANTIL, COMO ELEMENTO EDUCATIVO


En principio todos tenemos la idea -más o menos reflexionada o intuitiva- que practicar deporte de manera habitual es una actividad positiva para los niños y las niñas, especialmente si es un deporte de equipo.

A los niños y a la niñas desde muy pequeños les gusta el movimiento, la actividad física, con lo que aprenden a utilizar el cuerpo y a quemar energías. También, cuando van haciéndose mayores, les gusta realizar actividades con otros, para sentirse miembros de un grupo y conseguir cosas juntos, sea un resultado de una competición deportiva, un dibujo colectivo o una actividad de investigación escolar. Y evidentemente, y así lo dicen los especialistas, que el deporte para los pequeños puede ser un juego, una fuente de placer por el que tiene de actividad física, de superación personal y de relación con los otros, convirtiéndose en un elemento más de su educación. Pero un elemento que en principio es positivo puede llegar a transformarse en un conjunto de rígidas actividades y obligaciones que en lugar de ayudarlos en su evolución y crecimiento como personas del presente y del futuro, les complique su educación personal.

LA IMPORTANCIA DEL DEPORTE PARA LOS NIÑOS Y NIÑAS

Está claro que el deporte de equipo los da a los más pequeños la oportunidad de jugar en compañía, de sentirse parte de uno todo que debe estar bien avenido y cohesionado por poder obtener resultados positivos al marcador, aunque los resultados del marcador del campo no deberían ser aquello más importante para los niños deportistas sino el mismo hecho de jugar. Porque cuando nos referimos al deporte infantil debería quedar claro que más importante que ganar es:

  • Aprender a jugar juntos, experimentando directamente que lo que hace cada uno repercute directamente en el que hacen y harán los compañeros, y viceversa: el sentimiento de pertinencia a un grupo.
  • Sentirse necesario para el equipo y sentir como necesarios a todos los otros, ya estén en el terreno de juego o esperando como suplentes: la valoración personal.
  • Aprender a entrenarse, a realizar unas actividades -físicas o no- que parece que no tengan que ver con jugar partidos, pero que son fundamentales por a poder jugar: la planificación y la constancia.
  • Saber que hay unas reglas, más o menos arbitrarias, que son las que conforman y enmarcan aquella actividad y la convierten en deporte: las normas en la vida.
  • Pasárselo bien jugando y entrenando, pero también hablante del partido y del entrenamiento, pensando y expresando como se han sentido jugando, ganando o perdiendo...: la reflexión personal y la comunicación.
  • Tomarle gusto a la actividad deportiva para que continúe practicando a lo largo de su vida, sea en equipo o individualmente: la educación física.

EL DEPORTE PARA EDUCAR, NO EDUCAR PARA EL DEPORTE

Según estudios realizados, las razones por las que los niños abandonan la práctica del deporte son, entre otros el conflicto de intereses entre las exigencias del deporte y otras actividades interesantes para ellos, la inconstancia propia de la edad por la que se apasionan temporalmente por una cosa y le olvidan después. Sin embargo, también, por el carácter demasiado serio del entrenamiento, por el lugar preponderante de la competición en el conjunto de la actividad deportiva, por las relaciones conflictivas con el entrenador y por no soportar la presión a que se le somete. Y aquello más lamentable es que, a veces, son los padres los que, sin quererlo, presionan a los hijos pequeños para que tengan que ganar y se obliguen a ser los mejores y se sientan muy mal si no pueden hacerlo.

Por todo esto, cuando se trata de deporte infantil, no se pueden marcar como objetivos el de educar para el deporte ni el de hacer deportistas de élite. Sino, al contrario hay que aprovechar el que tiene de positiva esta actividad para educar, y propiciar que los niños y niñas se formen como personas que, en un porcentaje muy alto, no llegarán a ser deportistas profesionales y que, como mucho, podrán seguir a lo largo de la vida utilizando el deporte para su distracción, favorecimiento de relaciones personales y mantenimiento de una forma física y mental.

Las madres y les paras tienen un papel muy importante en relación a la práctica del deporte de sus hijos e hijas, como responsables primeros que son de su educación. Como cada actividad de los pequeños, es necesario que los padres sepan qué es lo que pretenden facilitándoles a sus hijos la actividad deportiva, si quieren que sea un elemento más en su educación o que les complique la vida y dificulte su crecimiento como personas.

Si después de reflexionar se percatan que desean que el deporte ayude sus hijos en su educación física, emocional y de relaciones, deberán tratar de hablar con ellos cuando ganan y cuando pierden, cuando los ponen en el primer equipo y cuando los tienen sentados de suplentes, cuando marcan un gol o cuando no les han pasado el balón... E ir ensenñándoles la necesidad de ganar para saber perder y perder para saber ganar, y que aquello más importante no es ni ganar ni perder sino jugar y pasarlo bien. E ir dando herrajes personales para que aprendan a no sentirse humillados cuando pierden, fallan un tiro o se dejan marcar un gol; aceptar las decisiones del árbitro, aunque sean injustas porque el juego es el juego y tiene reglas; o sentir que el entrenador no los tiene tan bien considerados, o de igual manera, que se tienen ellos a ellos mismos... Y no solo hablar el padre o la madre sino ayudar a los pequeños a que cuenten lo que piensan y sienten en estas ocasiones, con la que cosa la actividad deportiva servirá para que aprendan a conocerse ellos mismos, y expresar sus sentimientos y sus emociones.

Teniendo en cuenta el que he expuesto antes, la práctica del deporte de los niños y niñas les valdrá como un elemento positivo en su formación y crecimiento personal, siendo una parte más de su educación, que los ayudará a conseguir un estilo de vida saludable, una mejora en la motricidad, el aprendizaje del trabajo en equipo y de las relaciones interpersonales, el aumento de la motivación y la perseverancia, etc. Y, finalmente, sirviendo también como prevención individual y colectiva de muchos de los problemas que en los últimos años van surgiendo al llegar a la adolescencia o la juventud y que solo se pueden resolver de forma satisfactoria para la sociedad y las familias antes de que salgan, con la educación cotidiana de los más pequeños.

INTERACCIONES, POSITIVAS Y NEGATIVAS, ENTRE LA FAMILIA Y LA ESCUELA


Después de ver demasiado casos concretos, estoy convencido de que en lugar de colaborar hasta un objetivo común (la formación de las niñas y niños, hijas e hijos para unos y alumnos para los otros sin embargo, finalmente las mismas personitas) l a familia y la escuela, demasiado veces se complican mutuamente la vida. Cuando hablo de Escuela, digo Formación y no Educación porque ya se ha explicado masa que los responsables de la Educación de los hijos son sus padres.

La escuela ayuda a las familias a Formar, a Instruir en algunos temas y destrezas que las familias no saben, no pueden o no tienen tiempo. Pero se supone que al estado, a la Administración, a los poderes públicos, también los interesa incidir –o no incidir- en algunos temas que plantea en la escuela para que esta lo asuma como propio: Derechos y deberes, la Participación, Derechos Humanos, Principios Constitucionales y de Convivencia, Con respecto al Medio Ambiente, Superación de Conflictos , la Paz... Incluso, la escuela vale para fluorar las denteras de los pequeños, o para poner Vacunas y hablar de Sexo, Droga y Rock & Roll.

Paso a enumerar algún de los puntos que la escuela y la familia se complican entre sí. Parecerá que voy más a favor de la familia que de la escuela, pero es el rol que ahora tengo, estoy más a la banda de los padres

  • Hay familias atolondradas por los deberes que se los manda a los hijos/se/alumnos y, incluso, deben programar las cabezas de semana en relación a la cantidad de deberes.
  • Ah, hay que decir que la escuela también es una Guardería, el lugar donde se deja a los niños y niñas cuando los padres deben trabajar o deben hacer la casa. Eso complica la escuela pero es que, legalmente, también es así.
  • Cuando en la escuela se cuentan cosas que difieren de las que se cuentan en casa: valores: ¿qué valores predominan? ¿Los de casa, los del maestro, los del Proyecto Educativo de centro?
  • Cuando en casa se cuentan cosas diferentes a las que se dicen en la escuela.
  • Cuando la escuela obliga a que se elijan unas determinadas optativas o, incluso, bachilleratos concretos o no-módulos profesionales específicos.
  • Cuando hay maestros que no tienen instrumentos por enseñar los alumnos: técnicas psicopedagógicas y de control de la clase...
  • Cuando las familias piensan que los maestros no hacen nada, entre vacaciones y vacaciones, trabajan muy pocas horas de muy pocos días de algunos meses al año, y lo hacen saber a los hijos/alumnos, que se ponen en contra del profesorado...
  • Cuando se descalifican mutuamente padres, maestros y alumnos.
  • Cuando los maestros llegan a decir “¿no tenéis padres?” si los alumnos/hijos no han entendido o realizado algunas tareas de casa...
  • Cuando son las madres las que relacionan familia y escuela, con lo que le quitan importancia porque los hombres suelen hacer las cosas importantes a las familias, como ir a trabajar en la fábrica o colgar algún cuadro o arreglar un fusible, mientras las mujeres hacen cosas sin importancia como la comida, lavar y extender, ... y relacionarse con · la escuela.
  • Cuando los/las maestros les tienen miedo a las madres/padres y se ponen a la defensiva cuando van a hablarlos...
  • Cuando los padres y madres aprenden a que la escuela los llamada cuando hay problemas, y se ponen a la defensiva...
  • Cuando las familias –las madres- que van a llevar los hijos chiquirrititos a la escuela y los interesa la que pasa, van aprendiendo a dejar de ir a hablar con los maestros y a participar...
  • Cuando las escuelas se cierran no sé si para que no salgan o porque no entren ... Y se hacen unos lugares muy acotados.

Y, al final, en estas relaciones –positivas y negativas- gana o pierde, según quien, la escuela, la familia, el alumno/a hijo e hija y, al final de todo, la sociedad en conjunto. O una parte de la Sociedad, porque no sé como se lo hacen a la enseñanza privada.

Podríamos empezar a descomplicar las relaciones, o a inventar otros, con diálogo y contactos entre padres y madres, maestros y directores y directoras.

SER MÚSICOS PROFESIONALES O APRENDER A AMAR LA MÚSICA


No ningún duda que la educación musical juega un papel fundamental en la formación integral del individuo, ampliando su percepción general, visual y auditiva, favoreciendo el aprendizaje y la vivencia de las emociones, el desarrollo físico y la capacidad creadora. Por eso ha sido un gran acierto introducir la música a la escuela, acercando el hecho musical a todas las niñas y niños, con el objetivo de desarrollar sus capacidades, sus conocimientos, hábitos y habilidades, permitiéndoles que tengan una valoración del mundo musical a partir de la experiencia directa. Con el canto, los ritmos, la expresión corporal, la creación, la apreciación y el análisis de obras musicales o la ejecución de instrumentos sencillos de fácil manejo que les posibilita hacer música de una manera viva y creadora.

Pero no es de la música a la educación infantil, primaria o secundaria del que quería hablar ahora mismo, sino de la otra vertiente de la educación musical, que es la enseñanza/aprendizaje de un instrumento, lo que aquí a nuestras comarcas se ha hecho desde siempre a las escuelas de educandos de las bandas. Los niños se ponían en la cola por decir la lección de solfa y aprendían a tocar la trompeta, el clarinete o la caja de algún de los músicos que tocaban en la banda, en un aprendizaje muy directo, quizá "técnicamente inadecuado" o "poco pedagógico" pero en un contacto personal del maestro y el alumno. Y con un objetivo que estaba muy claro: aprender a tocar el instrumento para entrar en la banda, objetivo que acababa cumpliéndose.

Ahora mismo el profesorado está técnicamente más preparado, tiene título de algún conservatorio y se dedica profesionalmente o semi-profesionalmente a la musica. Pero en muchas ocasiones está muy lejos de facilitar aquel contacto maestro-alumno directo, positivo y facilitador del aprendizaje, perdiendo también la visión global o el objetivo final del aprendizaje de la música y del inicio del contacto con un instrumento.

Cuando un niño o niña de 8, 9 o 10 años empieza a ir a la escuela de educandos -ahora escuela de música- tiene un interés al empezar a aprender a tocar un instrumento -o quizá le tenga su padre o su madre, que tampoco es un mal principio-. En esta sociedad que nos toca vivir, cualquier alternativa a la ocupación consumista del tiempo se debe ver como positiva, y el aprendizaje de la música lo es. Encontrar tiempo por empezar con la música quizá ya sea un éxito personal, familiar y social.

El objetivo inicial debería ser introducir el alumno/a en el lenguaje musical, en la técnica del instrumento y en el gusto de escuchar, tocar y hacer música solo y en compañía... Pero ahora mismo, en las escuelas de música y a los primeros niveles de los conservatorios -que sería la mismo- da la impresión que tienen como objetivo formar músicos profesionales... Sin pensar que la gran mayoría de alumnos/educandos no van a ser nunca jamás músicos profesionales, a Dios gracias.

Este objetivo oculto de formar futuros músicos profesionales, que no está formulado en ningún de lugar como tal, complica en gran medida los primeros estadios del aprendizaje. La motivación fundamental, que debería ser pasarlo bien aprendiz música y aprendiz a tocar un instrumento, es soterraña muchas veces con exigencias pedagógicamente imposibles. Porque si es importante aprobar cursos y cursos de música-LOGSE, más importante es encontrarle el gusto y tener la necesidad de tocar.

Cualquier niña o niño que está empezando a tocar solo o en una orquesta no debe tener en su mente si se volverá profesional, ni tampoco sus maestros en la escuela de música. Deberían facilitarle que aprenda a expresarse por medio de la música y le deberían facilitar los momentos y las posibilidades de hacerlo toda la vida. Si viene el caso y lo va escogiendo poco a poco y en su momento, algún aficionado quizá se plantee lanzarse a los estudios y al mundo de la música profesional, como podrá decidir entrar en una facultad de medicina o en un ciclo formativo de electrónica. Pero si ha tenido un buen aprendizaje, la relación con su instrumento, el deseo y las ganas de tocar solo, en la orquesta, en la banda o a la charanga no la abandonará en toda su vida.

Es por esto que los maestros de las escuelas de educandos -o ahora escuelas de música- deberían conseguir que la afición de los pequeños por el instrumento y por la música fuera aumentando poco a poco, reforzándoles positivamente los pequeños adelantos que van teniendo y no desanimarlos progresivamente, como algunos hacen con la excusa que ser músico es muy duro.

Ser músico profesional puede ser duro pero el camino para aprender a amar la música y el instrumento debe ser agradable, facilitando actividades que estimulen su interés, empezando a tocar tonadas sencillas y quizá conocidas y divertidas, solo y en grupo, sin exigir virtuosismo ni perfeccionismo, sino corrección y satisfacción personal.

Así, poco a poco, irán haciéndose músicos que tendrán toda su vida la música y el instrumento como aliados para su crecimiento personal y no músicos frustrados perdidos en el camino de la perfección que no saben ni donde dejaron el instrumento aquel día que se decepcionaron por no poder o no querer ser ni profesionales de esto ni los mejores del mundo.

JUGUETES, SIEMPRE JUGUETES

Mucho antes de que entre el mes de diciembre, las necesarias y esmeradas campañas publicitarias de tantas firmas comerciales vuelven a recordar a los niños y las niñas año trás año que vendrán los Reyes, Papá Noel, Santa Claus el padre, la madre, las tías los abuelos o las amistades familiares. Y que todos vendrán bien cargados de regalos de todo tipo, especialmente juguetes. Para hacer memoria utilizan los catálogos comerciales enviados a las casas - best-sellers infantiles de estas fechas y de todo el año, que podrían servir por iniciar los pequeños en la lectura- y utilizan la televisión -maravillosa caja luminosa de tantas maravillas consumistas- que lanza sus mensajes directamente al fondo del cerebro de los pequeños y de los mayores.

Por ello, como van cumpliéndose los ritmos anuales y ahora ya es el momento que es, no podemos rehuir el enfrentarnos con la experiencia real de elegir y encomendar los juguetes de Navidad y/o Reyes. Y por no errarlo masa y que nos salga de la mejor manera posible, deberemos hacer un esfuerzo y ponernos en el lugar de los pequeños para pensar qué sienten, como son, como piensan, qué sueñan, con qué objetos jugarán más y mejor.

Será necesario que los observemos y hablemos con ellas y con ellos, pero también que deberíamos aprovechar la oportunidad por registrar nuestros recuerdos de cuando aún teníamos pocos años y sabíamos por experiencia propia de juegos y de juguetes. Y gastábamos el tiempo al crecer y aprender a crecer con todos y todo lo que teníamos alrededor.

LOS JUGUETES...

Deberemos asegurarnos que los juguetes que elijamos sean seguros y que potencien su creatividad; que no los hagan ser más sexistas del que ya son por las mil influencias sociotelevisivas; que les ayuden a reconocer y expresar las emociones. Que sean unos juguetes sencillos y sirvan para jugar porque, si no, no serán juguetes aunque salgan a los catálogos, se anuncien a las televisiones y estén expuestos a las grandes superficies comerciales.

Y para acertarlo más es necesario que, antes de pedirlos a los Reyes o al Papá Noel, las niñas y los niños los miren y los palpen porque les entren por las manos además de entrarlos por los oídos y por los ojos. Hay que sacarlos de las cajas a los almacenes o probarlos a las ludotecas para que puedan percatarse de sus limitaciones antes de hacerse falsas ilusiones de jugar y que no se juegue.

Deberíamos procurar que regalar juguetes no sea solo una forma de quedar bien con los familiares y los amigos o que se note que somos los más espléndidos de todos. Queriendo quedar muy bien con muchos juguetes o juguetes muy caros quizá la única cosa que conseguiremos será fomentar la desmesura y atolondrarlos con demasiado cosas hasta que les ahoguemos incluso las ganas y posibilidades de jugar. Tener más juguetes no quiere decir jugar más.

LAS COSAS, LOS JUEGOS Y EL TIEMPO...

Y cuando más cosas tengan más querrán y más fácilmente se frustrarán cuando no tengan todo lo que pidan. Y la frustración constante que sufren muchos de los niños, adolescentes y jóvenes actuales acaba en agresividad y violencia, lo que después se sufre a la familia, en la escuela y el instituto o a las calles de las ciudades.

Por cierto, si somos capaces de recordar un poco en nuestros días de infancia, veremos como también, además de juguetes, será necesario que les proporcionemos a los hijos, hijas, nietos, sobrinas o hijuelos lugares y espacios n estar a gusto y jugar y compañeros de juego con quien hacerlo. Adivinanzas, cuentos, tonadas y canciones, bailes, carreras, árboles para subir, muñecas y casetas para recortar, piedrecitas por colocar. Rayuelas por botar, canicas por encadar, cuerdas para botar o libros por leer o escuchar como alguien los leo.

Y, también, fijémosnos que necesitarán tiempo, mucho tiempo libre para aprender a compartimentarlo, compartirlo, administrarlo y distribuirlo. Tiempo suyo y para ellos y tiempo nuestro -de los adultos que tienen más cerca-, también para ellos.