miércoles 16 de septiembre de 2009

LAS CAPACIDADES DEL CEREBRO



Dicen algunas personas estudiosas, y otras que lo han leido o escuchado, que el cerebro tiene muchas capacidades que no hemos aprendido aún a desarrollar. No sé si será científicamente cierto y estará probado, pero me es indiferente. Porque lo que tengo claro es que hay una imposibilidad física de hacer todo lo que una persona se siente capaz o no de hacer, en un momento concreto. El cerebro tiene mucha potencia y muchas potencialidades, pero tiene una capacidad limitada de funcionamiento en un tiempo determinado. No se puede ser consciente de todo lo que se tiene en la cabeza, o tenerlo todo en la cabeza, en un mismo momento.

Al fin y al cabo, es a nuestro sistema socioeconómico, basado en el consumo acelerado y compulsivo al que le interesa que hombres y mujeres, chicos y chicas, tengan la cabeza llena de historietas y personajes nuevos e hiperactivos; de camisetas con tirantes y sin tirantes, de un solo tirante o palabra de honor -si eso se puede decir al hablar de camisetas- bordadas y sin bordar, con encaje o sin él, de todos y cada uno de los colores del arco iris y sus sucesivas y multiplicadas combinaciones, permutaciones y variaciones. Y pantalones, pantaloncitos, largos, cortos, piratas, a medio culo o a culo entero, faldas, falditas y faldazas, con la necesidad de que todo combine cada vez con sí mismo y con las alpargatas, zapatos, botas o sandalias o con los relojes, los colgantes y pendientes, pendientes y más pendientes; las pulseras, pulseritas, pulserotas, collaritos y collarotes. ¡Cuanto esfuerzo para poder salir a la calle y sentir que se siente a gusto!! Y antes o después, todo aquello de la imagen corporal:potingues para la cara, para el cuerpo, pinturas, cems rimels, pintalabios, aros, piercings, tatuajes si o no, peinados, pelos teñidos, recortados, pegados... Técnicas y tratamientos para adelgazar, para enflaquecer, para llenar las tetas, el culo o los labios y rebajar las caderas o refinar la nariz.

O los aparatos electroacústicos, de imagen y similares: ipods, mp3s, mp4s, cámaras, vídeos, consolas, consolitas, miniconsolitas, pcboxs, xpes y similares, con su munición de cartuchos, tarjetas, Cds, DVDs, con sus programas de juegos y más juegos, maravillosos, mágicos, que llenan el cerebro con mil historias de mil mundos que nunca se repiten y que consiguen unas habilidades y destrezas nunca imaginadas al botar, correr, buscar contraseñas y aparatos imposibles, escenarios virtuales y nuevos, monstruos y superhéroes. Sabéis qué? Todo esto ocupa mucho espacio en el cerebro.

Y antes o después, todo aquello de la imagen corporal: emplastos para la cara, para el cuerpo, pinturas, cremas, rimels, pintalabios, pendientes, anillas, piercings, tatuajes si o no, peinados, pelos teñidos, recortados, apegats... Técnicas i tratamientos para bajar peso, para adelgazar, parar llenar los pechos, el trasero o los labios y rebajar las caderas o afinar la nariz.

Y la constante y necesaria atención al móvil y sus consecuencias: se es consciente de tener derecho a llamar, hablar, ser llamados y hablados, dados un toque o una perdida a cada momento de las veinticuatro horas del día y de la noche, con los mensajes de texto o de imagen que se deben leer y contestar con toda la inmediatez posible. Con el deseo del telefonito más pequeño o más compacto y con más mini y microcomponentes: cámara, GPS, radio, MP3, micrófono, auriculares con o sin bluetooth, correo instantáneo, Internet, melodías, imágenes...

Además, las series televisivas, o realitys que también son bastante semejantes, con diferentes tareas de los guionistas, con un alud de historias que van metiéndose y ocupando los rincones de la memoria y del conocimiento, más reales que la propia realidad, no provocan ninguna reflexión sino que llevan a la acción/inacción sin pasar por ninguno de los filtros de la experiencia o del pensamiento: adolescentes, ellas y ellos, con su preocupación -como no?- de qué ponerse y qué tener, donde ir y con quien parar lucir los conjuntos y mirar y que te miren al trasluz mientras el tiempo se va deslizando por los dedos como la arena seca del desierto hasta la madrugada. Con quien acostarse o levantarse o besarse o arrepentirse de no tenerlo todo o a todas y a todos.


Eduard Hervàs
Psicólogo
Continuará: EL INTERÉS DEL SISTEMA SOCIOECONÓMICO

lunes 7 de septiembre de 2009

UN NUEVO CURSO ESCOLAR, VIEJAS REFLEXIONES PARA MADRES Y PADRES

En medio de la crisis que alcanza a todo y a todos, se inicia un nuevo curso escolar, como cada septiembre. Milles de alumnas y alumnos empiezan su escolaridad alrededor de los tres años en los centros de Educación Infantil y Primaria. Más de la mitad ya habían estado ya en el primer ciclo de Educación Infantil, con lo cual no les es novedad estar unas cuantas horas con compañeras y compañeros y algún adulto extraño a la familia.

Otro grupo - quienes van en centros públicos- habrán dejado la escuela y tendrán que empezar en el instituto y será para ellos una novedad. De sentirse los mayores de la escuela a ser los más pequeños y deber aprender las reglas escritas y no escritas a que conforman las relaciones entre iguales, con el sistema y con el profesorado. Un aprendizaje que se pierde, normalmente, el alumnado de los centros concertados al repetir etapa tras etapa los mismos espacios, compañeras y compañeros, adultos y sistemas de relaciones.

Como todos los años, las madres y padres de los más pequeños estarán muy pendientes de ellas y de ellos. Seguramente más las madres que los padres, por costumbre y por lo de la conciliación laboral y familiar, o las abuelas, pieza fundamental en muchas de las nuevas familias actuales. Si los pequeños van aprendiendo, curso a curso, a ir a la escuela una buena parte de las familias van aprendiendo también a dejar de relacionarse con la escuela y el profesorado.

Las familias se habrán gastado unos cientos de euros en los libros, cuadernos, libretas y otros complementos y solo una pequeña parte se devolverá en bono-libro, beca, ayuda o similares desde la Consejería o el Ayuntamiento correspondiente, si hay suerte. Y la mayoría deberá llevarlo, día a día, mañana y tarde, en la mochila correspondiente que siempre pesa demasiado.

Y pronto vendrán los deberes, aquellas tareas directamente impuestas por el profesorado cada día al alumnado y que son martirio cotidiano para alumnado y familia, sin que se haya demostrado en ningún lugar que sirvan para aprender más del que se aprende en la escuela.

Surgirán los conflictos de la hora de acostarse de noche y levantarse del cama a hora, entre semana y sábados y domingos, y habrá necesidad de controlar las actividades de pantalla -tele, internet, consolas, Xp, PsP...- para que no interfieran demasiado en la vida familiar y escolar. Y quizá aún quieran jugar, si es que han llegado a aprender y aún no lo han olvidado.

Con todo este panorama, ¿qué pueden hacer las madres y padres para que hijas e hijos saquen el mayor provecho de la escuela a lo largo de todo el curso que empieza? Dejadme, solamente que presente algunas propuestas para que se debatan a nivel de padre-madre y de grupos de amigas y amigos con hijas e hijos en edad escolar. Y, se pongan en práctica o no, que valgan por lo menos como punto inicial de debate:

  1. Ir a la escuela, conocer al tutor o tutora y el director del centro y ponerse a la agenda del móvil fechas por reunirse periódicamente.

  2. Poner un máximo de tiempo para hacer los deberes en casa: entre 20 minutos los más pequeños a hora y media los más mayores. Y si no los hacen, que se apañen con el profesorado. Y, si es posible, acordar con el tutor o tutora que si no hay deberes mejor.

  3. Marcar las tareas que deben hacer en casa los hijos o hijas. Tanto las que son responsabilidad suya (habitación, juguetes, ropa, libros....) como las familiares (poner y quitar mesa y exigir a que lo hagan.

  4. Programarse el padre y la madre un tiempo diario por hablar sobre los hijos, cuando los hijos no estén delante. Si no puede ser diario que sea día-si-día-no un poco más largo. Y que todo lo que los digan o los hagan sea en nombre de los dos.

  5. Programar cada padre o madre un tiempo diario para hablar, jugar, pasear, hacer trabajos manuales o explorar el internet con cada uno de sus hijos. Y el jefe de semana un poquito más.

  6. Facilitarles experiencias interesantes, actividades donde aprendan otras cosas de las que no se aprenden en la escuela: deportes diferentes y alternativos, colecciones, trabajos manuales, ayuda a otros personas...

  7. Acotar el tiempo diario y semanal de actividades con las pantallas y pantallitas. y proporcionarles actividades de aire libre y de relación con otras personas, en directo.

  8. No dejarles pasar ninguna conducta negativa sin que se percaten de que lo han hecho mal, y que les cueste algo. Y decirles también cuando hacen las cosas bien, para que se den cuenta de ello.

  9. No darles todo lo que pidan, que los cueste esfuerzo y tiempo conseguir lo que quieran. Con el esfuerzo les darán valor y con el tiempo aprenderán a esperar, uno de los mejores aprendizajes de la vida. Porque, aunque vayamos contra lo que predica la televisión, ni debe ser tenerlo todo ni puede ser tenerlo ahora mismo.

Si se ponen en práctica estos puntos, desde que los hijos e hijas son muy pequeños, habrá muchas posibilidades de que tengan unos comportamientos adecuados cuando vayan creciendo.

Se necesita tiempo y dedicación, pero eso es ser padre y madre, dedicarse y responsabilizarse de unos recién nacidos hasta que puedan ser autónomos, responsables de si mismos e independientes en la vida.

Septiembre de 2009

jueves 5 de marzo de 2009

CONFLUENCIA DE GÉNEROS: INTRODUCCIÓN

El día 8 de marzo se celebra el Día de la Mujer Trabajadora o, simplemente el Día de la Mujer. Una fecha que, por lo menos, debería provocar la reflexión sobre cuál es la realidad de los géneros a la vida cotidiana. Y cómo queremos que sea.

Es muy evidente la diferencia entre hombres y mujeres, especialmente si no llevan ropa o si se han arreglado para salir e ir de fiesta: diferencias solo biológicas y socioculturales, hay que decir. Está claro que también hay diferencias de comportamiento (psicológicas?) que vienen determinadas por la biología y las expectativas que la biología ha ido elaborando a lo largo de los siglos para cada género en relación a los comportamientos que iban teniendo y repitiendo cada día y cada año.

En estos momentos nos encontramos con unos repertorios de comportamiento dicotómicos hombres/mujeres, masculino/femenino, niño/niña: formas de vestir, formas de expresarse, de comunicarse, modelos y estructuras de pensamiento, repertorios gestuales, formas de control personal e interpersonal.

Sexo es lo que biológicamente nos determina a unos machos y a otras hembras, la forma que la evolución de nuestra especie ha elegido para reproducirse y pervivir a lo largo del tiempo, generación tras generación y milenio tras milenio. Y permite que la hembra/mujer geste dentro de su vientre los hijos que ha engendrado el macho/hombre y después deba amamantarlos y cuidarlos. Y el macho/hombre debe apoyar la mujer/hembra y a los hijos/cachorros mientras esta debe atender el embarazo o los recien nacidos. Como lo hacen machos de diferentes especies animales ya que, biológicamente, humanas y humanos también somos animales.

Género sería el conjunto de roles, obligaciones, formas de pensar, formas de actuar que una persona asume por el hecho de tener un sexo determinado. Una persona y el conjunto de personas de un mismo sexo, en una misma época y lugar. El género es un constructo psicosocial que intenta adaptar los comportamientos individuales a las necesidades de una sociedad concreta. Por esto, en diferentes momentos históricos y en diferentes zonas geográficas -culturas- hombres y mujeres han asumido unas u otras obligaciones y responsabilidades y se han visto y entendido unas u otras actividades como normales .

Por lo que nos toca, nuestra cultura occidental actual ha venido diseñando los géneros con un catálogo de características masculinas y femeninas que abarcan todo el abanico de comportamientos, desde la base de las mujeres como cuidadoras de los hijos y del hogar y de los hombres como guardianes de la familia y proveedores de comida y otros bienes.
Ellas deben ser sumisas y dóciles y ellos agresivos y dominantes. Ellas dominan el lenguaje y el mundo de los sentimientos y ellos las actividades de riesgo. Ellos deberían llevar el dinero en casa y ellas tenerla a punto y aseada y encargarse de los hijos y las hijas.

Si completamos el repaso de nuestra actual cultura con el necesario adjetivo de "consumista" vemos como ellas deben fijarse y comprar todo lo que tiene que ver con la imagen y el cuerpo: ropa, cremas y otros productos de belleza, limpieza y tocador; y ellos deben fijarse y comprar grandes aparatos, cacharros electrónicos, automóviles, bricolajes, herramientas de deporte y similares.
Nos encontramos con dos modelos de persona hechos por los años y la cotidianidad (la cultura) con una base de diferencias biológicas que explican pero no justifican actualmente esta dicotomía.

Porque los derechos humanos que nos hemos reconocido y de los cuales emanan las leyes y reglamentos que, con la meta de la igualdad, rigen nuestras vidas de relación, nos obligan a definir los constructos dicotómicos sexistas y buscar un nuevo encajonamiento de los géneros, con una confluencia necesaria y, siempre, complementaria; donde los atávicos determinantes bio-psico-socials no determinen enfrentamientos, dominios ni sumisiones.

Es por esto que considero que hay que repasar diferentes aspectos de esta necesaria confluencia de géneros con una serie de artículos en los que intentaré analizar la realidad actual y la prospectiva del futuro más próximo, con incidencia en las posibilidades educativas a las familias, el sistema educativo y social.

Os invito a seguir el desarrollo de este tema en el futuro en el blog CONFLUENCIA DE GÉNEROS.

Eduard Hervàs

lunes 16 de febrero de 2009

DESDE L A MUERTE DE MARTA

Finalmente las peores sospechas se hicieron realidad y Marta, la joven desaparecida, en Sevilla (España) se supone que está muerta en el río. Porque lo ha dicho el que presuntamente era o había sido su novio hacía ya dos años, solamente . Ella, ahora con 17, tenía entonces 15 años; él ahora 20 años y entonces 18. Lo habían dejado y él tenía ahora otra novia de 14 años. Parece que un amigo de su misma edad, otro de 15 años y su mismo hermano le ayudaron a deshacerse del cadáver, sabían que había sido él... ¿Y qué?
  1. Habían sido "novios" un mes
  2. Lo dejaron (supongo que lo lo dejó ella).
  3. Esa noche discutieron
  4. Debió de darle un golpe en la cabeza
  5. Se la llevaron al río y la echaron al agua.
Todo esto nos debería provocar la reflexión desde diferentes ángulos, y todas tienen que ver con la educación familiar y social de nuestros niños y adolescentes. Y desde la reflexión una intervención con las familias y con los medios de comunicación y entretenimiento.
  1. Por una parte tenemos la realidad del machismo imperante aún en estas edades: chicos que están convencidos de que en las relaciónes con las chicas mandan ellos. Es algo que aún se ve como normal y lógico a nivel social y se refleja en series televisivas y programas
  2. Añadimos el hecho de la frustración y la violencia: tengo derecho a todo y cuando no me lo dan me frustro y agredo violentamente. Con lo que sea, porque me salgo de mis casillas cuando no tengo lo que deseo. Desde que han nacido se les ha dado lo que han pedido y no se les ha dicho (casi) nunca NO. Y han aprendido que tienen derecho a tenerlo TODO y SIEMPRE. Cuando no lo tienen aparece la FRUSTRACIÓN y ya es sabido que la frustración deriva casi automáticamente en VIOLENCIA.
  3. Los modelos social-televisivos están dando sello de normalidad a lo que no lo es: niños y niñas comportándose afectivamente como adultos: parejas de niños-niñas/adolescentes (cuando se deja de ser niño o niña?) que se comprometen como si fuera para toda la vida, con todos los "derechos y obligaciones".
  4. El miedo de las familias a poner límites claros, a no permitir ciertos comportamientos no adaptados para los/las menores. La desorientación de los padres y madres sobre lo que es normal y lógico y lo que viene derivado de desajustes socioculturales que provocan un crecimiento ético y moral desequilibrado y fuera de toda lógica.
  5. La pérdida de intimidad personal: todo vale para ser enseñado y para ser visto: el cuerpo, los sentimientos, las emociones, las fotos, los deseos... En las redes sociales (tuiter, xing, facebook...) chicos y chicas vuelcan y se pone a disposición de todo el mundo su inmadurez, sus contradicciones, sus arrebatos. Con cada vez menos límites. A disposición de todo el mundo.
  6. Existe poca comunicación familiar y, cuando la hay, suele ser entre iguales, entre p/madre amigo/a de hijo/a, una relación que es imposible ya que los padres tienen unas responsabilidades parentales que no pueden ser comparadas a las derivadas de la amistad.
  7. Padres y madres tienen miedo de limitar los comportamientos de los menores, de ponerles puertas y horarios. Y no saben que los límites son necesarios para el crecimiento como personas.
  8. No se presentan a los niños, adolescentes y jóvenes modelos positivos de comportamiento que enseñen el valor de as cosas bien hechas, del tiempo que hace falta para aprender lo importante, de los sacrificios que hay que hacer para conseguir lo que se quiere, de lo que satisface hacer algo bueno o bonito para los demás...
  9. Y a todo esto añadamos las estrategias y comportamientos criminales y delictivos (respuestas desadaptadas) que han/hemos ido aprendiendo en películas y series televisivas: ¿de cuantas maneras sabemos (que se puede) matar? ¿de cuantas maneras puede hacerse desaparecer un cuerpo, aunque nunca l hayamos hecho, ni pensemos en hacerlo?
Bátase todo esto en la coctelera de la vida, con el poco tiempo que padres y madres tienen para estar con sus hijas e hijos y la vorágine consumista que nos corroe, con algo de sentido de culpa y de "ojos-que-no-ven-corazón-que-no- siente" y tendremos vidas truncadas, con más o menos muertes, y presentes futuros destrozados.
Para que todo sea distinto habrá, simplemente, que actuar como padre y como madre, desde que se tiene por primera vez el/la bebé en brazos, pensando qué queremos ofrecerle para el futuro. Y ponerse a ello, padre y madre, y hablar de ello.

domingo 9 de noviembre de 2008

PARA QUE NO AGREDAN AL PADRE NI A LA MADRE, 2

Me comentan responsables de Guarderías/Escuelas Infantiles que están alarmadas por la manera en que algunas madres están aprendiendo a relacionarse con sus bebés. Y viceversa, cómo los/las bebés aprenden a relacionarse con ellas. Llegan a plantear la necesidad de que en el tiempo del embarazo, especialmente en las clases de preparación al parto, las matronas les expliquen que, además de lo maravilloso que es tener un hijo y cómo hay que hacer para que salga de la mejor manera posible, el parto es también el inicio de una serie de preocupaciones y problemas para el padre y la madre.

Los/
las bebés lloran, se manchan, se despiertan por la noche, hay que darles el pecho o el biberón, luego la papilla y después hay que conseguir que empiece a comer comida de mayores. Y tienen fiebre, vomitan, tienen diarreas, hay que llevarlos al médico y hay que ponerles vacunas.

La fantasía de una maternidad maravillosa y sin problemas, en la que todo es alegria, felicidad y amor lleva a que algunas madres se derrumben y claudiquen desde los primeros meses en gran parte de su responsabilidad educadora. Especialmente, si el padre no está a su lado compartiendo la responsabilidad de la crianza del/la bebé. Los meses siguientes al parto son duros, aunque la recompensa de los también duros meses del embarazo ya está presente en esa nueva criatura llena de ojos, de boca y de piel que acariciar.

Me comentan las educadoras de las escuelas infantiles que hay algunas madres de bebés de un año que se quejan repetidamente de que sus hijos/as les muerden... No saben cómo evitarlo ni cómo reponder. No saben cómo hacer para que esa pequeña criatura vaya aprendiendo a vivir y a crecer como persona, paso a paso, dia a día: a comer, a dormir, a jugar, a hablar, o a callar. Y en demasiadas ocasiones piensan que tener hijos/as les ha complicado demasiado la vida.
Ahora son madres y padres jóvenes pero antes fueron adolescentes, niños y bebés. De una generación a la que no se les ha exigido demasiado y que han aprendido a vivir de una forma muy cómoda, sin demasiadas responsabilidades propias ni en su familia de origen; que aprendieron que lo más importante es cada uno/a mismo/a, por lo que les cuesta ir perdiendo toda esa libertad conseguida a cambio de nada desde su nacimiento.

Si un bebé aprende a morder y gritar y
llorar y, con ello, a controlar a sus padres y al resto de adultos, mal comienzo de vida tiene. La responsabilidad de sus padres está en enseñarles que la vida no puede ser así y les tendrán que poner límites claros, reforzarles las conductas adecuadas y eliminar las inadecuades, dándoles amor incondicional y no consintiéndolo todo.

La educación de cada hijo o hija es responsabilidad de los padres. Por eso estaban alarmadas las educadoras de las escuelas infantiles, porque ven como esos padres y madres no son capaces de asumir esa importante reesponsabilidad. Y la guardería, la escuela o el instituto nunca pueden sustituir a la madre y al padre en su tarea de educar. Pueden ayudar y colaborar en la instrucción, en la socialización y en aspectos educativos de su vida, pero la responsabilidad es parental.

Por eso, desde las instituciones públicas, habría que plantear acciones dirigidas a las madres y padres jóvenes para diagnosticar sus capacidades educadoras y ofrecerles medios para que aprendan a cuidar y tratar a sus hijos/as. Y que el paso del tiempo no agrave las situaciones que ahora se van adivinando, cuando estos niños que empiezan a agredir de pequeños lo sigan haciendo de mayores.

lunes 13 de octubre de 2008

PARA QUE NO AGREDAN NI AL PADRE NI A LA MADRE, 1

PROBLEMA

Oigo por la radio que han aumentado las denuncias por menores que agreden a sus padres. Y esto es muy grave. Por algo se decía antes aquello de que "es peor que pegar a un padre". Mal pronóstico tiene esa familia en las que los padres sufren las agresiones de uno o varios hijos/as -agresiones físicas, psíquicas o verbales, que de todo hay y todo duele-, sean de los que denuncian o de los que lo callan y simplemente lo sufren de puertas hacia adentro.
Si quieren salir del embrollo en que se han visto metidos por los años vividos juntos deberán echar mano de un/a buen/a profesional de la psicología y muchas ganas de que todo cambie. Con todo el esfuerzo que pongan será difícil, pero deberán intentarlo o renunciar a la relación m/paterno-filial, reconvirtiéndola en otra cosa.

PREVENIR ANTES DE CURAR
Lo que hay que conseguir es que los menores que ahora tienen 1, 2, 3 o 7 años no lleguen a agredir a sus padres cuando tengan 12 o 14. ¿Y eso como se consigue? Pues muy
sencillo, dejar bien claro desde el principio quien manda en casa. Y debe quedar claro que en casa mandan el padre y la madre, que son los que tienen esa responsabilidad. Y eso debe notarse desde bien pronto, desde que los niños son capaces de manipular a los mayores, que es desde que nacen.
Las cosas se hacen porque la madre y el padre así lo deciden -o uno de los dos, es es una familia monoparental, en la que hay más riesgo de perder el control de la situación-.A los hijo
s se les pide opinión, se les conceden caprichos, pero se hace lo que quieren los padres, desde el principio, y poruqe lo quieren los padres. Una familia no es una sociedad democrática. y quien lo crea así ya no hace falta que siga leyendo. No son "pobrecito/a, total qué más da..." Y da, vaya si da. Si no, que se lo pregunten a los p/madres agredidos.
No sirve acceder a sus caprichos para que callen y no lloren o no den la lata, en casa o en el supermercado. Ni concederles privilegios porque los tienen los amigos, amigas o compañero/as. Es la peor de todas
las razones, permitirles algo porque dicen que se lo permiten a los demás.
Otra cosa importante
es poner reglas, dejar que se cumplan y si no se cumplen que les cueste algo. Porque en la vida hay reglas y hay que aprender a cumplirlas. Eso no se aprende en la escuela. Reglas para levantarse y acostarse, comer, hacer los deberes, jugar, leer, salir... Reglas que ayudan a la convivencia doméstica y les sirven a su educación.
Y si las reglas no se cumplen o se saltan los límites (horarios, volumen, suciedad, dinero, co
nsumo...) el padre o/y la madre debe hacer que les cueste algo. Porque si no les cuesta nada nunca aprenderan a cumlir las reglas.

APRENDER PARA QUE APRENDAN A VIVIR
Así, poco a poco desde
el primer día de vida, los hijos e hijas aprenden a vivir en familia y consigo mismos, sujetos a una autoridad p/materna que debe evolucionar al tiempo que los niños/as van creciendo.
Y junto a las reglas y los límites mucho amor, que se manifiesta en respeto mutuo. Los hijos deben saberse queridos y aceptados, desde pequeños, aunque se les esté confrontando con su mal comportamiento.

No se les deja de querer porque se porten mal, ni se hace como si se les dejara de querer. Se les quiere y se les demuestra con la coherencia p/materna y con besos, caricias, muchas palabras y mucho tiempo compartido. ¿Es difícil? Durante muchas generaciones no ha sido difícil. Ahora, cuando el capitalismo consumista aprovecha todos los resquicios de la educación, "moderna" para atacar, hay que esforzarse más y no ceder ni un palmo. Si no se tiene muy claro habrá que hablarlo con otros padres y madres o, ¿por qué no? ir a aprender a un sitio donde enseñen como deben comportarse los padres y madres.
Todo para que cuando tengan 11, 12 o 14 años no sean unos agresores de padres y madres y, cundo te
ngan 25 o 30 años puedan ser buenos padres o madres.

viernes 10 de octubre de 2008

MALTRATO INSTITUCIONAL A SOLICITANTES DE ADOPCIÓN


La adopción es la mayor forma de protección de un menor ya que tener una familia es uno de los derechos básicos de cualquier niño o niña al ser el mejor lugar para que viva, crezca y aprenda a vivir. En demasiadas ocasiones la familia de biológica de un niño o niña no existe, no funciona como tal o es perjudicial para la niña o el niño.

Para que un niño o una niña que no la tiene pueda llegar a tener una familia hacen falta una o dos personas (madre/padre) que quieran recibirlo y asumirlo como a su hijo o hija, con todas las consecuencias. Como si lo hubieran concebido, gestado y parido. El proceso que se sigue para poder adoptar es similar a un embarazo, aunque administrativo, con mayor o menor sufrimiento y carga burocrática según las instituciones que lo gestionen y deban de aprobarlo.

Por el Convenio de la Haya de 1993 (ratificado por el Estado español en 1995) los estados acordaron una serie de puntos para que en los procesos de adopción internacional los niños estén protegidos y existan unas reglas que ordenen las relaciones entre los estados con toda la claridad y transparencia posible, evitando la compraventa de niños y asegurando que los futuros padres están bien informados y son adecuados y aptos para adoptar. Es por esto último por lo que para poder iniciar el proceso adoptivo, o poder legalizar e inscribir una adopción realizada en el extranjero, los padres deben haber sido declarados idóneos por la Administración correspondiente (en España, los Consejos de Adopción de las Comunidades Autónomas, que son quienes tienen las competencias sobre asuntos de menores). Y para poder valorar las capacidades de los pretendidos adoptantes deben basarse en la información de los técnicos (en España, psicólogos y trabajadores sociales) que han tenido que redactar unos informes tras entrevistar a los candidatos y candidatas a adoptantes.

Todas y todos los candidatos a ser adoptantes, a recibir a un niño o niña en su familia como si fuera un hijo biológico, han tenido que ser valorados por un equipo psicosocial. Considero necesaria esta valoración en la que, después de ser informados convenientemente, se les explore para cerciorarse de que no tienen trastornos psicológicos, que conocen la realidad de la adopción y las características de los niños que pueden ser adoptados, así como que tienen una aceptable situación económica y una red social adecuada, así como unas habilidades educadoras que le permitirán acoger, como se debe, a un hijo o hija.

Si la adopción es la mayor protección social para un menor que se encuentra tutelado por las instituciones públicas por no tener una familia que se ocupe de él, las personas que quieren adoptar debían ser tratadas con el mayor tacto y amabilidad institucional. Van a ser colaboradores necesarios en un proceso que deberá concluir, si se acuerda que es lo mejor para ese/a menor, en que pase de estar institucionalizado a ser hijo/a de una familia donde podrá crecer con todas las garantías.

Sin embargo, nos encontramos con que a muchas de estas personas se las maltrata institucionalmente, independientemente de que, finalmente, se les permita adoptar a un/a hijo/a. Ya en las conclusiones y recomendaciones de la Comisión sobre Adopción Internacional del Senado, aprobadas por unanimidad en Pleno de 10 Diciembre de 2003, se concluía que “existía una queja generalizada de las familias en la forma de investigación y en el contenido de las entrevistas con psicólogos y trabajadores sociales para la realización de los informes, en los que se tenía la sensación de ser sometidos a un juicio sumarísimo o de experimentar una valoración de motivaciones y conductas, que origina un modelo de exclusión, no de ayuda.

Si en algunas Comunidades Autónomas se realizan las valoraciones de forma correcta, donde los candidatos a adoptantes se sienten acompañados en su proceso, en otras siguen sintiéndose examinados, juzgados negativamente, no comprendidos y rechazados como personas. La necesaria valoración, que hay que hacer para asegurar los mejores padres para cada niño/a, llega a convertirse en demasiados casos en una agresión a su intimidad, honor y hasta integridad moral, sin que puedan comparar los informes aportados al expediente de idoneidad por los profesionales psicosociales con unos criterios válidos contrastados o unos perfiles de riesgo claros y transparentes. El interés del menor está demasiadas veces mediatizado por creencias, valores y contravalores de los evaluadores que mediatizan su percepción profesional.

La inseguridad administrativa, que llega a resultar injusta y arbitraria en algunos casos, puede ser superada acudiendo a los tribunales, tras solicitar o no una segunda valoración psicosocial, y ser declarados como no idóneos. Una gran mayoría de los aspirantes a adoptantes son declarados idóneos por los jueces tras un procedimiento contencioso, siendo valorados por el equipo psicosocial de los juzgados.

Llegados a este punto hay que reconocer que, aunque al final siempre se puede entablar un procedimiento judicial para obtener la idoneidad, las personas a las que en unos folios escritos y firmados por profesionales de la psicología y del trabajo social (que se suponen especialistas en adopción y, por ello, en personas, familias e infancia) se les dice que no son aptos para adoptar se sienten emocionalmente muy mal: desvalorizados como personas, en muchos casos descritos en equívocos términos psicológicos tanto ellos como sus relaciones familiares y personales, que no se reconocen en aquellas hipérboles o debajo de las motivaciones que les presuponen los/las profesionales. Junto con la valoración negativa (desvalorización al fin y al cabo) no hay una entrevista personal, una explicación clara del informe ni una descripción inteligible de los motivos que llevan a la frase final donde se declara la no-idoneidad para la adopción.

La Administración, que debe encontrar unos padres para proteger a menores que no tienen una familia, abandona a quienes se han ofrecido para ser su padre o madre tras hacerles pasar algunos de los momentos más duros y amargos de su vida, después de una decisión que pensaban que era buena y aceptada socialmente: ofrecerse para adoptar a menores sin familia.

Con esto no quiero ni sugerir que no deba hacerse una valoración de los futuros adoptantes para determinar si son o no idóneos. Al contrario, debe dárseles una buena información y hacerse la más correcta y ajustada valoración, pero con unos criterios profesionales claros y que no den opción a la duda. Y, lo que es más importante, explicando a los candidatos a la idoneidad el porqué de la decisión negativa con toda la delicadeza y tacto posible, apoyándolos en unos momentos difíciles en los que no deben sentirse maltratados ni rechazados sino, simplemente, valorados en relación a su posibilidad de adoptar un/a menor. Una pretensión que, aunque no pueda satisfacerse por unas razones justas que se les deben exponer claramente, debe seguir siendo valorada positivamente como uno de los mayores servicios a los niños y niñas del mundo. Que tienen derecho a vivir en una familia.

domingo 28 de septiembre de 2008

PROGRAMA DE HABILIDADES SOCIALES Y EMOCIONALES PARA LA ESCUELA

SENTIMIENTOS Y EMOCIONES

El mundo de los sentimientos y las emociones es muy importante, porque está a la base de nuestro comportamiento como personas y, por ello, a la base del funcionamiento de familias y parejas. Hay quien dice que lo que se ha llamado normalmente "Inteligencia" es simplemente lo que miden los tests de inteligencia. Se compone de una serie de factores que tienen que ver con capacidades verbales y no verbales: memoria, razonamiento abstracto, percepción, procesamiento de la información, solución de problemas, capacidades visuales y motóricas. Como un resumen de todos estos factores está el superfactor que se denomina de inteligencia general. Siempre se había pensado que las personas más inteligentes serían las que triunfarían en la vida, pero no es así, y después de muchas investigaciones se ha demostrado que el éxito en la vida no está determinado por el coeficiente de inteligencia ni por las notas que se sacan en la escuela o en la Universidad, sino por otros factores. Y todos estos factores són los que conformarían lo que los entendidos llaman inteligencia emocional. Hay cinco grandes factores que determinan la competencia emocional de las personas:
  • Auto-conocimiento: Identificación de los propios sentimientos, saber qué se siente y por qué.
  • Autocontrol: Saber manejar los propios sentimientos y poder recuperarse de los sentimientos que son negativos.
  • Motivación: Ser aplicado, no desanimarse cuando no sale una tarea
  • Empatía: Entender lo que sienten las otras personas, ponerse en el lugar de los demás.
  • Habilidad Social: Orientarse en relación a las otras personas, y saber implicarse con ellas.
Todos estos factores son los que conforman lo que se entiende por inteligencia emocional. Las personas que dominen estos factores tendrán muchas más posibilidades de "tener éxito" cosa que puede tener mucho que ver con "ser feliz". Está claro que la base de la Educación Emocional es la familia. Las niñas y los niños aprenden a vivir en casa, según se comportan su padre, su madre, sus parientes... Pero también hay que tener en cuenta que la Escuela -y especialmente en la Educación Infantil y la Primaria- debe plantearse también como objetivos educativos los objetivos de la educación emocional. Los niños y niños pueden aprender diferentes manera de reaccionar, de entender a las otras personas y de entenderse a si mismo/a, y la escuela también deberá asumir ésta enseñanza/aprendizaje porque, como he dicho antes, estos factores emocionales son los que marcarán el futuro de estas pequeñas personas.

EL CAMINO, PROGRAMA DE HABILIDADES SOCIALES Y EMOCIONALES EN LA ESCUELA

Se trata de un conjunto de materiales (una historia, una metodología, unas láminas de dibujo y un material de evaluación) para hacer posible un entrenamiento de diferentes habilidades sociales y emocionales.
Se aprovecha la narración de un "viaje iniciático" de un grupo de niñas y niños, que van a salvar su País del hechizo de un brujo llegando al "País de los Mil Colores" por indicaciones de un pájaro mágico...

El programa consta de 12 sesiones, en la primera de las cuales se plantea la historia y en la última un resumen de la aplicación de todas las habilidades.
Las sesiones deben prepararse de una forma dinámica y motivadora, consiguiendo que los niños y niñas de la clase se introduzcan en la dinámica del viaje. La narración de lo que les va pasando da pie al entrenamiento de las habilidades necesarias para poder seguir el camino.

Al acabar el viaje habrán conseguido de diferentes maneras lo que el pájaro los había indicado: un
círculo rojo. El mismo camino dibujado al mapa es un círculo rojo. Pero lo más importante es que al acabar el camino los niños y las niñas han cambiado y por eso ha cambiado todo su pueblo. Los materiales necesarios se indican en cada sesión para ir dando ambiente a la narración del cuento.

Normalmente serán los personajes que van apareciendo y algún otro elemento complementario. Los elementos se presentan como dibujos, pero pueden utilizarse elementos naturales o hechos a propósito.
Habría que ambientar la clase o el lugar donde se realizar la actividad, y aquí tiene mucho tiene mucho que decir la imaginación del profesor o profesora. Desde la primera sesión se colgarán las partes del mapa para ir completando un mapa del camino que va haciéndose, para que el alumnado pueda tener presente la historia. Este mapa, que irá completándose sesión a sesión, sería necesario que se colocara en una pared de la clase.

Narración del texto
: El texto que se propone es un texto abierto que debería ir adaptándose a la realidad de cada clase, tanto a nivel de lenguaje, mayor o menor concreción o desarrollo de las actividades, etc. Es necesario que al comienzo de cada sesión se haga entre todos un resumen del que ha pasado antes en la historia, aprovechando el mapa y el camino marcado

Como puede ser difícil tener 12 sesiones semanales seguidas, será necesario que al reiniciar el programa después de alguna de las vacaciones se haga un resumen de lo que había pasado antes.
Las 12 sesiones de trabajo son:
  1. Monstruos, Ratones Y Personas.
  2. Saludar Bien
  3. Decir Y Escuchar Cosas Bonitas
  4. Quejarse
  5. Decir Que No
  6. Presentarse
  7. Preguntar Por Qué
  8. Dar Las Gracias
  9. Pedir Que Hagan Algo Por Ti
  10. Defender Tus Propios Derechos
  11. Iniciar Y Seguir Una Conversación
  12. Conclusión
Actividades: Las actividades enunciadas son también indicativas y flexibles, pudiéndose perfectamente modificar según las necesidades y la evolución de cada grupo de alumnos. Es interesante que entre sesión y sesión se utilicen los materiales del cuento, para dibujar, pintar, dramatizar, etc. Y que las habilidades que vayan aprendiendo se pongan a la práctica a clase de una manera constante.

Evaluación: Hay que hacer un seguimiento de cada sesión, para evaluar el programa como tal y poder hacer enmiendas y nuevas propuestas para posteriores aplicaciones.


COMO ACCEDER a los MATERIALES: En caso de que esteis interesados en la aplicación de los materiales podéis mandarme un correo electrónico y os los haré llegar, o intercambiamos ideas sobre el tema.

sábado 6 de septiembre de 2008

LOS DEBERES ESCOLARES EN CASA

A lo largo del verano muchas familias han estado atareadas intentando que sus hijos o hijas hicieran los deberes. Mandar que hagan los deberes en verano parece ser una de las tareas importantes del profesorado cuando acaba el curso, como una extensión de junio a septiembre de los deberes que ya ponen de lunes a viernes y en el fin de semana de septiembre a junio.

Para algunas familias los deberes marcan los ritmos del año y de las vacaciones. No me refiero al alumnado de Educación Secundaria que debe aprobar las asignaturas y resulta que las han suspendido, que es normal que deban estudiar para llegar a aprobar. Me refiero al alumnado de Primaria e, incluso, de Infantil. Hay maestro/a que se empeña en que los niños y niñas lleven en casa cada día, cada semana y todo el verano hojas de sumas o restos, problemitas, caligrafía, colorear dibujos u otras tareas escolares. El padre y la madre deben asumir la responsabilidad de que su hijo o hija lleve el deber hecho a el día siguiente, el lunes o al próximo septiembre. Nunca ha demostrado nadie que el hecho de hacer los deberes en casa sea positivo para el aprendizaje de los y las escolares, y mientras no se me demuestre de una manera científica y rigurosa seguiré diciendo que los objetivos y razones para prescribir hacer los deberes en casa son otros.

Recuerdo que cuando yo iba a la escuela no había deberes para casa. Había que aprender a leer y se leía, a contar y se contaba, pero no había deberes para casa. Al acabar la escuela se jugaba, fundamentalmente, y se aprendía a vivir con los adultos. En el fin de semana se jugaba más y se aprendía a vivir más; y, si era preciso, se ayudaba en casa.

Poco a poco se empezó con el tema de los deberes, lo que representa un drama para muchas familias. Parece que el maestro o la maestra alarguen sus manos para pasar su responsabilidad docente a los padres y las madres en sus casas. Estos deben asumir el papel de profesores o profesoras mezclado al de padre o madre, lo que en demasiado ocasiones envenena la vida familiar cotidiana. En muchas casas hay verdaderos dramas entorno a las hojas de los deberes. Quizá sean pocos y bien tontos, que se hagan en cinco minutos, que sea solo un repaso, que sea acabar lo que no han acabado en la clase.... Pero hay niño o niña que está horas y horas delante de la hoja, aprendiendo a no hacer lo que le dicen que hay que hacer, aumentando la tensió parental y familiar y sacando de sus casillas al padre y/o a la madre.

Y el padre y/o la madre (que a veces también discuten por causa de los deberes) se senten evaluados cuando el pequeño o la pequeña van a clase y muestran los deberes que han hecho -mejor o peor, solo o en compañía- en casa. Qué dirá la maestra de nosotros como padres si no lleva los deberes hechos, y bien hechos!!

Mientras tanto, los niños y niñas no tienen tiempo por aprender a vivir, solos y en compañía, a pensar, a emprender proyectos con sus amistades, a proyectar inventos, a leer libros por placer o a hacer como si se aburrieran. Y esto vale tanto para los días y fines de semana del el curso como para las vacaciones más o menos largas de todo el año.

La tarea escolar se debe hacer en la escuela y lo debe poner y controlar el profesorado, y hacerse de la manera que diga su Proyecto Curricular –que estará de acuerdo con el Proyecto Educativo de Centro-.
Porque los padres y madres tienen la tarea de educar, desde sus planteamientos educativos familiares y desde su responsabilidad, que tampoco pueden dejar en manos del profesorado. De responsabilidades compartidas hablaremos otro día. Ahora, solo hay que añadir que en las reuniones y contactos de principio de curso entre familia y maestros deberían ponerse las bases de como deberán ser las tareas que haga en casa el alumnado los próximos meses. Y que sean favorecedoras para su aprendizaje y educación y no lo compliquen y compliquen la vida a todos.

domingo 21 de octubre de 2007

EL TERRITORIO, LA BASE DE LA VIDA

Dejando de lado definiciones administrativas o políticoeconómicas, tendríamos que decir que el territorio es una porción de superficie del suelo que está a nuestro alrededor, en la que vivimos y de la que nos sentimos parte. Habría un territorio personal o de un grupo humano: pueblo, comarca, nación... Es la base física sobre la que nos hacemos personas en comunidad y crecemos como tales.

Para sentir el territorio como propio se debe haber explorado y aprendido desde la experiencia y el contacto con su extensión y todo lo que vive y permanece. Sin embargo, en estos momentos, el territorio de muchas niñas, niños, jóvenes y adultos es un trozo de la ciudad, el patio del colegio, la zona de pubs, el puesto de trabajo, un kilómetro de playa o el habitáculo del automóvil.


Sin un conocimiento del territorio por las generaciones más jóvenes es imposible pensar que nadie pueda defenderlo para el presente y para el futuro. No se defiende lo que ni importa ni se ama. Amando el propio territorio no se hubieran impulsado, realizado o consentido tantas barbaridades urbanísticas y proyectos de destrozo del paisaje, de la naturaleza, de los ríos...

Hace años el territorio más cercano, el local y comarcal, se iba aprendiendo con las expediciones infantiles por el pueblo y sus alrededores, las excursiones juveniles de Pascua por el término, el desplazamiento al huerto o al terreno de secano con el abuelo o el padre a realizar las tareas agrícolas. Esto parece haberse acabado, y ni la escuela –a la que se le suele encargar todo- de eso se encarga, y el territorio no se puede aprender a los libros ni a Internet ni a la televisión. Es por esto que instituciones públicas o privadas deberían poner el territorio al alcance de toda la población. Aquí a cerca, dicen que la Mancomunidad de la Ribera plantea unas rutas comarcales en bici, cosa que buena falta hace; o el Ayuntamiento de Alzira que ha empezado a limpiar una parte de la Vía Verde Carcaixent-Dénia.

Eduard Sarrió y su Fitzcarraldo bajando su RÈQUIEM por el XÚQUER en barca, (leemos lo que nos dice Salvador Llàtzer sobre esto en Alquibles) o las Propuestas para Generalizar el Uso de la Bici de Pedro Gento (leer Propuestas) son dos ejemplos de toques de atención en cuanto a la conciencia del territorio y su aprehensión.

Los Ayuntamientos, las Mancomunidades, la Generalidad deberían tomar partido y poner ideas y presupuestos para que toda la población de un territorio lo conozca y lo estime como es debido y compartan esta experiencia y conocimiento. Porque el territorio es la base de la vida personal y social.

sábado 21 de abril de 2007

ADOLESCENTES: PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Quien son adolescentes?

Ni niños ni adultos en medio de una nada confusa y ambigua. La edad de inicio estaría alrededor de 9-12 años, variando según el niño y el sexo. Y suele durar alrededor de 10 años, también en función de la sociedad en que se encuentre. Por ejemplo en algunas tribus, el paso de la infancia al adulto se hace de golpe, no hay un período de paso como el de adolescencia.

¿Los adolescentes son conflictivos?

Tal vez sí, pero también es cierto que estudios muy recientes contradicen la idea de que la tensión y el malestar psíquico sean una parte normal y necesaria de la adolescencia. No tendría que ocurrir que los adolescentes, por el hecho de serlo, sean conflictivos. Los adolescentes que atraviesan por conflictos serios y crisis de identidad, necesitan ayuda por estos problemas, no por pasar por un período de crecimiento determinado. Como período de crecimiento es diferente a otro.

¿Adolescentes, rebeldes o amigos?

Es un poco como una caricatura de la adolescencia: un grupo de amigos inconformistas y que se rebelan contra casi todo.

El adolescente, que ya no es un niño ni una niña, va construyendo poco a poco lo que al final será un adulto, con una identidad propia y formada y la necesaria autonomía personal. Para llegar a esto, los jóvenes empiezan a pensar en criterios propios, a ensayar conductas diferentes y a querer hacerlas valer delante de la familia. Los padres y madres empiezan a tener miedo del ansia de libertad de estos hijos e hijas, de sus discrepancias, de los enfrentamientos casi diarios, de la oposición sistemática.

No son unos niños pero los padres siguen estando preocupados por ellos como antes, cuando eran unos niños. La obediencia que el hijo tenía cuando era niño ahora es imposible y le resulta a él mismo molesta e insoportable. La niña a la que le gustaba ir con los padres ahora quiere ir con su grupo de amigos. Y los padres pueden no entenderlo a la primera, porque es difícil para las madres y padres percatarse que las hijas e hijos se hacen mayores.

Y de aquí que empiecen las disputas familiares, donde el adolescente estirará hacia fuera y la familia hacia adentro. Él, queriendo defender el que piensa que son sus derechos y los padres queriendo imponer su autoridad.

¿Es negativa esta rebeldía de los adolescentes?

Habría que preguntarse antes que nada qué personas queremos que sean nuestros hijos de adultos: unas personas que digan sí a todo, que no sepan defender sus intereses, que sean sumisas en sus relaciones interpersonales, o unos adultos que sepan defender sus opiniones y que digan lo que quieren y sienten e intenten conseguir lo que desean? Las madres y padres estamos ayudando a los nuestros hijos a crecer, y crecer quiere decir hacerse personas adultas.

Es por eso que si los adolescentes están aprendiendo a ser adultos, es normal que vayan ensayando conductas de adulto, de autonomía y de independencia, en una actitud alejada del conformismo. Serán inconformistas y rebeldes e irán aprendiendo a ser mayores.

Un joven incapaz de dar la cara ante nadie, de defender lo que piensa, de hacer valer sus derechos, supone un problema más grave que un joven inconformista y rebelde. Los padres debemos saber discernir entre aquellas conductas de chapuzaría infantil a aquellas otros de inconformismo adolescente. Y sus actitudes agresivas, insolentes y descaradas no deberíamos tomarlas como ofensas imperdonables, sino como errores en su sistema de aprender a ser adultos en libertad.

A veces los padres toman mal estas actitudes, porque sus hijos e hijas adolescentes les hacen ver las contradicciones entre lo que los mismos padres dicen que hay que hacer y el que ellos hacen. Porque en estas edades también son idealistas y desinteresados, siendo un buen momento por iniciar actividades solidarías, de ayuda o acodamiento a actividades sociales.

¿Y cuando se alejan de los padres, se acercan a los amigos...?

El adolescente tiene una necesidad de comunicación, de relación con personas semejantes a ellos, que estén en un momento de su crecimiento semejante. Y de aquí que se junte en grupos de amigas y amigos. En estas cuadrillas inicia el aprendizaje de un contacto interpersonal más maduro que el que tenía antes con los amiguitos de la escuela. Necesita un calor afectivo, intimidad y profundidad en las relaciones, y va aprendiendo en que tan importante es dar afecto como recibir.

Y en la familia no se puede encontrar esto?

En la familia puede encontrar amor, seguridad, confianza... pero de sus padres y hermanos. No de unas personas con las que ha elegido ir y estar.

Muchas veces las madres y padres tienen celos de los amigos de los hijos. "A ellos se lo cuenta todo y a mí no". "Prefiere ir con sus amigos que con nosotros" 0 "yo zueco amiga de mi hija". Cabe pensar que ser padre o madre no es el mismo que ser amigo: Los padres y madres no deben ser amigos de sus hijos. Un amigo o amiga es alguien al quien hemos elegido y un padre o madre no se puede elegir sino que nos viene impuesto, y no podemos dejarlos cuando nos enfadamos con ellos. Los padres y madres deben intentar ser eso, buenos padres y madres, con todo lo que eso significa.

Como podrían definirse esas relaciones de amistad de los adolescentes?

La amistad del adolescente suele ser selectiva y exclusiva, desinteresada y no calculada. Les gusta estar juntos, les gusta compartir experiencias y sentimientos con estas personas que son como ellos.

Con sus amigos y amigas el adolescente llega a conocerse a si mismo. La situación del amigo o amiga le explica su propia situación y la ayuda a modificarla.

También buscan y encuentran seguridad y apoyo en la amistad, pudiendo expresar lo que piensan y lo que sienten sin miedo a ser rechazados o apartado por ello.

Hay quien entiende esa amistad del adolescente como un sucedáneo del amor, o como una forma de aprender el amor de pareja. En ocasiones, sin que haya relaciones de pareja, suelen aparecer situaciones de celos entre amigos y amigas. Debemos pensar que en estas edades se está aprendiendo todo, y también las relaciones entre las personas y los sexos.

El adolescente va dejando de ser un niño?

Si, y por eso que lo más importante es que el adolescente va aprendiendo a ser mayor desde la familia, de donde viene y con quien está, y con unos amigos que va escogiendo. Y los padres les debemos facilitar este crecimiento, porque es nuestra responsabilidad.

Y esto a veces cuesta, porque si los hijos se hacen mayores los padres se percatan de que ellos mismos van haciéndose más mayores también.

domingo 15 de abril de 2007

LIBROS, LECTURAS Y EDUCACIÓN EN VALORES

Mientras los libros tienen una realidad física, con papel, cartón, páginas, letras y espacios en blanco, los valores o principios no son nada si no se concretan en actitudes –que se adivinan- y comportamientos –que a veces se sufren-. En un mundo cada vez más desgajado, donde la cordura se esconde en las grietas del entendimiento compartido, me da miedo escribir de valores, de valores y escuela y, más aún, de valores, escuela y libros. Pero reconozco que son tres conceptos, formados de muchas realidades diversas, que pueden multiplicar sus ganancias al confluir en una misma actividad o proyecto con objetivos definidos.

Los valores son algo abstracto que se incrusta en el conocimiento poco a poco desde el nacimiento, en la familia, en la televisión, en la calle y a la escuela. Se aprenden copiando, sin saber que se aprenden, y al contarnos los estudiosos que se han aprendido algunos todos nos ponemos las manos a la cabeza.

La escuela es el instrumento que la Sociedad se ha dado para socializar los niños y que aprendan a estar con otros iguales y adultos, para que vayan haciéndose ciudadanos, para darles herramientas de conocimiento y para tenerlos unas horas al día, unos días a la semana y muchas semanas al año, que la madre y el padre deben trabajar.

Los libros son unos aparatos preciosos y casi perfectos en su diseño, algunos de los cuales deben aprenderse para examinarse después, y otros se leen por placer. Puede dar miedo pensar que los libros de leer –que se leen por el placer de leer libros- puedan utilizarse en la escuela para enseñar valores; pero no es el caso, porque los valores no se enseñan. Aunque todo lo que se hace la escuela tiene en su base y por el medio unos valores que se intentan transmitir, adrede o sin querer, qué la escuela ni es neutra ni lo puede ser, que tiene el encargo legal de orientarse hacia unas finalidades claras, unos valores: el respeto de los derechos y libertades, la igualdad entre hombres y mujeres, la no discriminación por discapacidad, la tolerancia, la libertad dentro los principios democráticos de convivencia, la resolución pacífica de los conflictos, la responsabilidad, el esfuerzo, la paz, la cooperación, la solidaridad, el respeto al medio ambiente, a las lenguas y a las culturas, el ejercicio de la ciudadanía y la participación. Conductas o estados finales positivos que favorecen el individuo favoreciendo el resto de la sociedad

Los valores se educan, s'aprehenden, se incorporan a las estructuras de pensamiento de cada uno al tiempo que se vive, al enfrentar como protagonista o espectador los acontecimientos más cotidianos y los extraordinarios.

Para trabajar en la escuela la serie de valores enumerados arriba, el grupo-clase debería estar presente en muchas situaciones y resolver muchos conflictos. Que en la vida real ni se presentan todos en horario lectivo ni delante o en medio de un grupo de escolares ávidos de acción. Y aquí entran los libros, como contenedores de historias con personajes, planteamiento, desarrollo y resolución; con protagonistas, escenas y palabras que no se van ni se recuerdan de diferente manera según el momento y la excitación. Y siempre pueden volver a revivirse, leyéndolas. Además, las historias pueden estar también ilustradas, lo cual puede ayudar a experimentar mejor la historia de manera individual o colectiva.

Las historias que nos presentan los libros, seleccionadas y adaptadas según el entendimiento que se supone a los posibles receptores, pueden ser herramientas para tratar algún de los valores que se plantean en los documentos del centro. Porque los objetivos educativos deben plantearse por poder evaluar después los resultados. Y los centros educativos deben tener muy claro qué, por qué, como y cuando quieren proponerle al alumnado.

Y ¿qué se puede hacer con los libros y las historias que se explican, por tratar en la clase temas alrededor de los valores? Muchas cosas, como con las historias que cuento el alumnado, las que se ven a la televisión o las que se viven en el patio: son la materia prima desde donde empezar a construir. Por ello, es fundamental hablar entre todos de eso, abrir debates, utilizar la palabra. Porque la palabra, dicha, escuchada o leída, conforma el pensamiento.

Y con las palabras de los libros y las palabras del diálogo y el debate se pueden plantear las diferentes actividades:
  • ENTENDER QUÉ PASA, POR QUÉ PASA Y PODER CONTARLO. En primer lugar, hay que entender la historia o las historias que se cuentan en el libro y saber qué cosas pasan y a causa de qué. Averiguar las causas y las consecuencias, en relación al valor que se haya elegido por tratar. Normalmente, dejando aparte las loterías, una vez has decidido jugar, las cosas no pasan porque sí; suelen ser consecuencia de un hecho anterior y causa de hechos posteriores. No hace falta que sea el argumento total del libro, puede utilizarse alguna parte donde ocurra algo que sea relevante en relación a los objetivos pedagógicos. Después puede empezar a jugarse con la historia y los personajes a otros juegos:
  • JUEGOS DE ROL. Dramatización por parte del alumnado de algunas pequeñas escenas del libro, para que los actores puedan averiguar qué sentirían los personajes y como reaccionarían si fueran ellos mismos. Se trata de un entrenamiento para ponerse en el lugar de los otros; ahora, de quienes salen al libro.
  • QUÉ PASARÍA SI... Solo al cambiar algo puede verse como cambia todo. El maestro propone un momento de la historia donde se plantean diferentes posibilidades, y el alumnado, en pequeños grupos, continúa la historia en diferentes historias divergentes, lo explican a los compañeros y compañeras y observan los diferentes argumentos que se abren como las ramas de un árbol.
  • DESDE EL FINAL AL PRINCIPIO. El alumnado sólo conoce la parte final del libro y deben ir explicando la historia de atrás a adelante, haciendo que sea coherente. Al acabar, se lee la historia real que el autor había escrito.
  • LEER Y CONTAR. El libro lo empieza a leer en silencio un alumno o alumna. Después lo cuenta resumidamente al resto del grupo, que le van haciendo preguntas para llegar a entender la historia. Sólo se contesta la que se pregunta, y lo que no se sabe se puede inventar. Se va continuando leyendo en silencio y contando a los compañeros hasta que acabe la historia.
Estos juegos, y muchos otros que se pueden inventar las maestras y los maestros, se deben aprovechar por hacer muchas preguntas y suscitar muchas respuestas: ¿Por qué ha hecho esto?, ¿Qué habrá sentido?, ¿Qué pensará?, Tú, ¿que harías? Tu madre, ¿que diría? ¿Y tu abuelo? ¿Como te sentirías si...?, tomando el argumento siempre como una excusa y un ejemplo de retales de vidas contadas. Quizá antes o después, al batir y debatir la historia le tome gusto al tema y lo comente con los amigos o con la madre, Y quizá también, le busque más libros solo por placer de leerlos.

(traducción del artículo publicado en a la revista l'Illa, d'Edicions Bromera, núm. 44 Hivern 2006)

lunes 19 de marzo de 2007

LA FAMILIA, DEL PRINCIPIO AL FINAL (un primer repaso)


Una familia es el lugar donde un animalito indefenso llega, poco a poco y año tras año, a ser una persona que piensa, habla, estima, forma un familia... No hace falta ni decir que el animalito humano no llegaría a ser nada si no se lo amamantara, abrigara, limpiara, enseñara a caminar, a hablar, a controlarse, a vivir.

Cualquier cachorro de cualquier especie es capaz de valerse por si mismo. Aunque sea como el cangurito, que debe estar meses a la bolsa marsupial de su madre, pero que pequeño como un garbanzo es capaz de ir subiendo por toda la tripa, entrarse a la bolsa y ponerse a cerca del pezón por ir bebiendo la leche.

El humanito –el cachorro humano- debe aprender a ser persona, poco a poco, con la ayuda, la guía, el acodamiento constante de una serie de personas que están a su alrededores, y al que nombramos “ la familia”. No tanto porque sean de la misma “sangre” como porque son del mismo vivir y convivir, como se puede comprobar en los hijos adoptados. Incluso se parecen a los padres adoptivos en el porte, en el habla, en los gestos y, evidentemente, en la manera de vivir y entender el mundo y la vida.

La familia es el lugar donde los humanos llegamos a ser personas, sea una familia patriarcal mediterránea –donde convivían diferentes generaciones compartiendo la casa, las tierras, el trabajo la cotidianidad y la autoridad de un padre o una abuela-, o una familia monoparental –donde los hijos viven solo con la madre o el padre por separación o divorcio, muerto o simplemente porque la madre no formó pareja con el padre. Cada modelo de familia tiene sus características propias, pero todos los modelos de familia pueden producir –y de hecho producen- personas humanas adaptadas a la sociedad.

Una de las experiencias más curiosas para los niños pequeños es comprobar como en otras familias –en otras casas- las cosas no se hacen de la misma manera que en la suya. Por ejemplo, no es tan importante comer todos juntos, o se come en la cocina de cualquier manera, o se para una mesa de lo más bien puesta en cada comida; quizá haya un ambiente gritón, donde todos hablan y ríen, se escuchan o se cortan cuando los viene bien, o quizá sea una casa donde solo se habla cuando se tiene algo importante que comunicar; donde se nota que todas están pendientes de todos o, por el contrario, cada uno va a lo suyo. Las niñas y los niños pequeños, que pensaban que vivir era lo que se hacía a su casa, como se hacía a su casa y con las reglas que se tenían a su casa, se percatan que a las otras casas hay otras reglas diferentes a las de su familia. Y que aquella familia funciona de diferente manera a la suya y que no pasa nada.

Cada familia tiene un sistema propio y diferente, que ha ido elaborándose poco a poco desde mucho antes de que los novios –futuros padre y madre- se casaran y/o empezaran a vivir juntos. Porque cada uno de ellos llevaba a su ningún una estructura de familia de su casa, un sistema que había ido haciéndose desde que sus padres –los abuelos de los que serán sus hijos- se casaran, y que había sido elaborado en base a la idea de familia que cada uno de ellos llevaba de sus familias respectivas. Para cada persona el concepto de padre o madre está basado, para bien o para mal, en el que ha conocido y ha vivido en el seno de su familia desde que nació. Las reglas de juego de esa familia – quien manda, cuando se come, cuando se puede hablar, qué se puede y no se puede decir, qué es divertirse, a que se tiene derecho, en que se gastan el dinero...- conforman la idea de lo que para él o ella es la familia, y a la hora de formar la suya es lo que ponen encima la mesa. Y en seguida se extrañan que para ella –o él- las cosas no sean como son para él –o ella-.

Cuando empiezan a convivir en pareja se percatan que ni las palabras ni los conceptos que los parecían tan claros y firmes lo son realmente. Y es en los pequeños detalles donde más pueden chocar al principio: la ventana abierta o cerrada, el pestillo pasado en el baño o no, alzarse tarde o temprano los domingos, ir a comer sábados en casa de él o de ella... Y será cuando tengan hijos y deban poner en marcha otro papeles del teatro familiar cuando se percatarán que tienen más ideas diferentes sobre como funciona una familia y, por ejemplo, qué es ser padre y ser madre, quien se levanta por la noche o quien cambia los pañales, de que se hace cargo cada uno, quien se responsabiliza de decirle la hora de volver en casa, quien manda callar o quien habla...

En cualquier familia se contraponen dos maneras de ver el mundo y la vida, abonadas por años y años de historia y cultivadas con gozos, lágrimas, ganancias y decepciones. De eso no se puede huir, pero se puede saber que hay las diferencias, aceptarlas y probar a inventar un sistema familiar diferente al de él y al de ella. Porque hay que tener en cuenta que, si las cosas se hacen como la familia de él o de ella simplemente, siempre habrá un que gane y el otro que pierda. Y debemos saber que cuando alguien pierda después se debe vengar, aunque no quiera... Lo necesario es hablarlo todo y tomar decisiones compartidas, negociando, llegando a acuerdos y no aceptante las imposiciones de ella o de él sin decir ni mudo aunque parezca que eso es la que toca “porque el/la quiero mucho”.

Los hijos aprenderán las reglas familiares que viven en casa, pero se bueno que vayan conociendo que hay otras formas de entender el mundo y la familia. Sabiendo, evidentemente, que en casa mandan el padre y la madre, que son los responsables de su educación. Porque a las familias los responsables máximos son el padre y la madre, y son los que mandan y deben tomar las decisiones. Pueden pedir opiniones, hay que debatir y consensuar, pero la palabra final es del padre y de la madre, que deberán tener claro qué es lo que quieren para los hijos en la vida, cuál es su objetivo educativo.

La familia debe educar sus hijos para que vivan en medio de la sociedad y puedan valerse autónomamente. La autonomía es el objetivo final de la educación, la concreción práctica y real del crecimiento de las personas; una autonomía que se debe complementar con un sentimiento vivido de ser parte de una familia que ha ido formándose poco a poco a lo largo de la historia. Estar preparados para vivir en medio la sociedad quiere decir tener los elementos necesarios para soportar el alud de mensajes tanto contradictorios que ahora mismo cuartucho sobre todas las familias y todas las personas. Hay que ser autónomos por poder decidir en cada momento qué hacer y como actuar, sin sentirse obligados a actuar porque lo mando la televisión o "lo lleve el tiempo".

El problema del consumismo actual, que provoca las compras exageradas y compulsivas -mucho más exageradas y problemáticas en los jóvenes que en los adultos-; el creerse que se tiene derecho a todo sin ninguna obligación ni responsabilidad; la pérdida y falta de control del tiempo y de las actividades de ocio; el desbarajuste en la alimentación que provoca trastornos graves de anorexia, bulimia, comilitonas o ayunos sin medida por intentar conseguir unos esquemas corporales imposibles; la falta de proyectos de futuro de los infantes y jóvenes...Son solo ejemplos de las cuestiones que se deben resolver desde la familia y con la familia, registrando en su historia y aprovechando toda la fuerza de cambio que seguramente encontraremos, con la cohesión y la seguridad necesaria que da sentirse miembro de este grupo social básico e imprescindible para la vida personal y social.

Porque la familia es el lugar donde los cachorros humanos -animalitos peladitos e indefensos- llegan a ser y siguen siendo personas humanas.


EL DEPORTE INFANTIL, COMO ELEMENTO EDUCATIVO


En principio todos tenemos la idea -más o menos reflexionada o intuitiva- que practicar deporte de manera habitual es una actividad positiva para los niños y las niñas, especialmente si es un deporte de equipo.

A los niños y a la niñas desde muy pequeños les gusta el movimiento, la actividad física, con lo que aprenden a utilizar el cuerpo y a quemar energías. También, cuando van haciéndose mayores, les gusta realizar actividades con otros, para sentirse miembros de un grupo y conseguir cosas juntos, sea un resultado de una competición deportiva, un dibujo colectivo o una actividad de investigación escolar. Y evidentemente, y así lo dicen los especialistas, que el deporte para los pequeños puede ser un juego, una fuente de placer por el que tiene de actividad física, de superación personal y de relación con los otros, convirtiéndose en un elemento más de su educación. Pero un elemento que en principio es positivo puede llegar a transformarse en un conjunto de rígidas actividades y obligaciones que en lugar de ayudarlos en su evolución y crecimiento como personas del presente y del futuro, les complique su educación personal.

LA IMPORTANCIA DEL DEPORTE PARA LOS NIÑOS Y NIÑAS

Está claro que el deporte de equipo los da a los más pequeños la oportunidad de jugar en compañía, de sentirse parte de uno todo que debe estar bien avenido y cohesionado por poder obtener resultados positivos al marcador, aunque los resultados del marcador del campo no deberían ser aquello más importante para los niños deportistas sino el mismo hecho de jugar. Porque cuando nos referimos al deporte infantil debería quedar claro que más importante que ganar es:

  • Aprender a jugar juntos, experimentando directamente que lo que hace cada uno repercute directamente en el que hacen y harán los compañeros, y viceversa: el sentimiento de pertinencia a un grupo.
  • Sentirse necesario para el equipo y sentir como necesarios a todos los otros, ya estén en el terreno de juego o esperando como suplentes: la valoración personal.
  • Aprender a entrenarse, a realizar unas actividades -físicas o no- que parece que no tengan que ver con jugar partidos, pero que son fundamentales por a poder jugar: la planificación y la constancia.
  • Saber que hay unas reglas, más o menos arbitrarias, que son las que conforman y enmarcan aquella actividad y la convierten en deporte: las normas en la vida.
  • Pasárselo bien jugando y entrenando, pero también hablante del partido y del entrenamiento, pensando y expresando como se han sentido jugando, ganando o perdiendo...: la reflexión personal y la comunicación.
  • Tomarle gusto a la actividad deportiva para que continúe practicando a lo largo de su vida, sea en equipo o individualmente: la educación física.

EL DEPORTE PARA EDUCAR, NO EDUCAR PARA EL DEPORTE

Según estudios realizados, las razones por las que los niños abandonan la práctica del deporte son, entre otros el conflicto de intereses entre las exigencias del deporte y otras actividades interesantes para ellos, la inconstancia propia de la edad por la que se apasionan temporalmente por una cosa y le olvidan después. Sin embargo, también, por el carácter demasiado serio del entrenamiento, por el lugar preponderante de la competición en el conjunto de la actividad deportiva, por las relaciones conflictivas con el entrenador y por no soportar la presión a que se le somete. Y aquello más lamentable es que, a veces, son los padres los que, sin quererlo, presionan a los hijos pequeños para que tengan que ganar y se obliguen a ser los mejores y se sientan muy mal si no pueden hacerlo.

Por todo esto, cuando se trata de deporte infantil, no se pueden marcar como objetivos el de educar para el deporte ni el de hacer deportistas de élite. Sino, al contrario hay que aprovechar el que tiene de positiva esta actividad para educar, y propiciar que los niños y niñas se formen como personas que, en un porcentaje muy alto, no llegarán a ser deportistas profesionales y que, como mucho, podrán seguir a lo largo de la vida utilizando el deporte para su distracción, favorecimiento de relaciones personales y mantenimiento de una forma física y mental.

Las madres y les paras tienen un papel muy importante en relación a la práctica del deporte de sus hijos e hijas, como responsables primeros que son de su educación. Como cada actividad de los pequeños, es necesario que los padres sepan qué es lo que pretenden facilitándoles a sus hijos la actividad deportiva, si quieren que sea un elemento más en su educación o que les complique la vida y dificulte su crecimiento como personas.

Si después de reflexionar se percatan que desean que el deporte ayude sus hijos en su educación física, emocional y de relaciones, deberán tratar de hablar con ellos cuando ganan y cuando pierden, cuando los ponen en el primer equipo y cuando los tienen sentados de suplentes, cuando marcan un gol o cuando no les han pasado el balón... E ir ensenñándoles la necesidad de ganar para saber perder y perder para saber ganar, y que aquello más importante no es ni ganar ni perder sino jugar y pasarlo bien. E ir dando herrajes personales para que aprendan a no sentirse humillados cuando pierden, fallan un tiro o se dejan marcar un gol; aceptar las decisiones del árbitro, aunque sean injustas porque el juego es el juego y tiene reglas; o sentir que el entrenador no los tiene tan bien considerados, o de igual manera, que se tienen ellos a ellos mismos... Y no solo hablar el padre o la madre sino ayudar a los pequeños a que cuenten lo que piensan y sienten en estas ocasiones, con la que cosa la actividad deportiva servirá para que aprendan a conocerse ellos mismos, y expresar sus sentimientos y sus emociones.

Teniendo en cuenta el que he expuesto antes, la práctica del deporte de los niños y niñas les valdrá como un elemento positivo en su formación y crecimiento personal, siendo una parte más de su educación, que los ayudará a conseguir un estilo de vida saludable, una mejora en la motricidad, el aprendizaje del trabajo en equipo y de las relaciones interpersonales, el aumento de la motivación y la perseverancia, etc. Y, finalmente, sirviendo también como prevención individual y colectiva de muchos de los problemas que en los últimos años van surgiendo al llegar a la adolescencia o la juventud y que solo se pueden resolver de forma satisfactoria para la sociedad y las familias antes de que salgan, con la educación cotidiana de los más pequeños.

INTERACCIONES, POSITIVAS Y NEGATIVAS, ENTRE LA FAMILIA Y LA ESCUELA


Después de ver demasiado casos concretos, estoy convencido de que en lugar de colaborar hasta un objetivo común (la formación de las niñas y niños, hijas e hijos para unos y alumnos para los otros sin embargo, finalmente las mismas personitas) l a familia y la escuela, demasiado veces se complican mutuamente la vida. Cuando hablo de Escuela, digo Formación y no Educación porque ya se ha explicado masa que los responsables de la Educación de los hijos son sus padres.

La escuela ayuda a las familias a Formar, a Instruir en algunos temas y destrezas que las familias no saben, no pueden o no tienen tiempo. Pero se supone que al estado, a la Administración, a los poderes públicos, también los interesa incidir –o no incidir- en algunos temas que plantea en la escuela para que esta lo asuma como propio: Derechos y deberes, la Participación, Derechos Humanos, Principios Constitucionales y de Convivencia, Con respecto al Medio Ambiente, Superación de Conflictos , la Paz... Incluso, la escuela vale para fluorar las denteras de los pequeños, o para poner Vacunas y hablar de Sexo, Droga y Rock & Roll.

Paso a enumerar algún de los puntos que la escuela y la familia se complican entre sí. Parecerá que voy más a favor de la familia que de la escuela, pero es el rol que ahora tengo, estoy más a la banda de los padres

  • Hay familias atolondradas por los deberes que se los manda a los hijos/se/alumnos y, incluso, deben programar las cabezas de semana en relación a la cantidad de deberes.
  • Ah, hay que decir que la escuela también es una Guardería, el lugar donde se deja a los niños y niñas cuando los padres deben trabajar o deben hacer la casa. Eso complica la escuela pero es que, legalmente, también es así.
  • Cuando en la escuela se cuentan cosas que difieren de las que se cuentan en casa: valores: ¿qué valores predominan? ¿Los de casa, los del maestro, los del Proyecto Educativo de centro?
  • Cuando en casa se cuentan cosas diferentes a las que se dicen en la escuela.
  • Cuando la escuela obliga a que se elijan unas determinadas optativas o, incluso, bachilleratos concretos o no-módulos profesionales específicos.
  • Cuando hay maestros que no tienen instrumentos por enseñar los alumnos: técnicas psicopedagógicas y de control de la clase...
  • Cuando las familias piensan que los maestros no hacen nada, entre vacaciones y vacaciones, trabajan muy pocas horas de muy pocos días de algunos meses al año, y lo hacen saber a los hijos/alumnos, que se ponen en contra del profesorado...
  • Cuando se descalifican mutuamente padres, maestros y alumnos.
  • Cuando los maestros llegan a decir “¿no tenéis padres?” si los alumnos/hijos no han entendido o realizado algunas tareas de casa...
  • Cuando son las madres las que relacionan familia y escuela, con lo que le quitan importancia porque los hombres suelen hacer las cosas importantes a las familias, como ir a trabajar en la fábrica o colgar algún cuadro o arreglar un fusible, mientras las mujeres hacen cosas sin importancia como la comida, lavar y extender, ... y relacionarse con · la escuela.
  • Cuando los/las maestros les tienen miedo a las madres/padres y se ponen a la defensiva cuando van a hablarlos...
  • Cuando los padres y madres aprenden a que la escuela los llamada cuando hay problemas, y se ponen a la defensiva...
  • Cuando las familias –las madres- que van a llevar los hijos chiquirrititos a la escuela y los interesa la que pasa, van aprendiendo a dejar de ir a hablar con los maestros y a participar...
  • Cuando las escuelas se cierran no sé si para que no salgan o porque no entren ... Y se hacen unos lugares muy acotados.

Y, al final, en estas relaciones –positivas y negativas- gana o pierde, según quien, la escuela, la familia, el alumno/a hijo e hija y, al final de todo, la sociedad en conjunto. O una parte de la Sociedad, porque no sé como se lo hacen a la enseñanza privada.

Podríamos empezar a descomplicar las relaciones, o a inventar otros, con diálogo y contactos entre padres y madres, maestros y directores y directoras.

SER MÚSICOS PROFESIONALES O APRENDER A AMAR LA MÚSICA


No ningún duda que la educación musical juega un papel fundamental en la formación integral del individuo, ampliando su percepción general, visual y auditiva, favoreciendo el aprendizaje y la vivencia de las emociones, el desarrollo físico y la capacidad creadora. Por eso ha sido un gran acierto introducir la música a la escuela, acercando el hecho musical a todas las niñas y niños, con el objetivo de desarrollar sus capacidades, sus conocimientos, hábitos y habilidades, permitiéndoles que tengan una valoración del mundo musical a partir de la experiencia directa. Con el canto, los ritmos, la expresión corporal, la creación, la apreciación y el análisis de obras musicales o la ejecución de instrumentos sencillos de fácil manejo que les posibilita hacer música de una manera viva y creadora.

Pero no es de la música a la educación infantil, primaria o secundaria del que quería hablar ahora mismo, sino de la otra vertiente de la educación musical, que es la enseñanza/aprendizaje de un instrumento, lo que aquí a nuestras comarcas se ha hecho desde siempre a las escuelas de educandos de las bandas. Los niños se ponían en la cola por decir la lección de solfa y aprendían a tocar la trompeta, el clarinete o la caja de algún de los músicos que tocaban en la banda, en un aprendizaje muy directo, quizá "técnicamente inadecuado" o "poco pedagógico" pero en un contacto personal del maestro y el alumno. Y con un objetivo que estaba muy claro: aprender a tocar el instrumento para entrar en la banda, objetivo que acababa cumpliéndose.

Ahora mismo el profesorado está técnicamente más preparado, tiene título de algún conservatorio y se dedica profesionalmente o semi-profesionalmente a la musica. Pero en muchas ocasiones está muy lejos de facilitar aquel contacto maestro-alumno directo, positivo y facilitador del aprendizaje, perdiendo también la visión global o el objetivo final del aprendizaje de la música y del inicio del contacto con un instrumento.

Cuando un niño o niña de 8, 9 o 10 años empieza a ir a la escuela de educandos -ahora escuela de música- tiene un interés al empezar a aprender a tocar un instrumento -o quizá le tenga su padre o su madre, que tampoco es un mal principio-. En esta sociedad que nos toca vivir, cualquier alternativa a la ocupación consumista del tiempo se debe ver como positiva, y el aprendizaje de la música lo es. Encontrar tiempo por empezar con la música quizá ya sea un éxito personal, familiar y social.

El objetivo inicial debería ser introducir el alumno/a en el lenguaje musical, en la técnica del instrumento y en el gusto de escuchar, tocar y hacer música solo y en compañía... Pero ahora mismo, en las escuelas de música y a los primeros niveles de los conservatorios -que sería la mismo- da la impresión que tienen como objetivo formar músicos profesionales... Sin pensar que la gran mayoría de alumnos/educandos no van a ser nunca jamás músicos profesionales, a Dios gracias.

Este objetivo oculto de formar futuros músicos profesionales, que no está formulado en ningún de lugar como tal, complica en gran medida los primeros estadios del aprendizaje. La motivación fundamental, que debería ser pasarlo bien aprendiz música y aprendiz a tocar un instrumento, es soterraña muchas veces con exigencias pedagógicamente imposibles. Porque si es importante aprobar cursos y cursos de música-LOGSE, más importante es encontrarle el gusto y tener la necesidad de tocar.

Cualquier niña o niño que está empezando a tocar solo o en una orquesta no debe tener en su mente si se volverá profesional, ni tampoco sus maestros en la escuela de música. Deberían facilitarle que aprenda a expresarse por medio de la música y le deberían facilitar los momentos y las posibilidades de hacerlo toda la vida. Si viene el caso y lo va escogiendo poco a poco y en su momento, algún aficionado quizá se plantee lanzarse a los estudios y al mundo de la música profesional, como podrá decidir entrar en una facultad de medicina o en un ciclo formativo de electrónica. Pero si ha tenido un buen aprendizaje, la relación con su instrumento, el deseo y las ganas de tocar solo, en la orquesta, en la banda o a la charanga no la abandonará en toda su vida.

Es por esto que los maestros de las escuelas de educandos -o ahora escuelas de música- deberían conseguir que la afición de los pequeños por el instrumento y por la música fuera aumentando poco a poco, reforzándoles positivamente los pequeños adelantos que van teniendo y no desanimarlos progresivamente, como algunos hacen con la excusa que ser músico es muy duro.

Ser músico profesional puede ser duro pero el camino para aprender a amar la música y el instrumento debe ser agradable, facilitando actividades que estimulen su interés, empezando a tocar tonadas sencillas y quizá conocidas y divertidas, solo y en grupo, sin exigir virtuosismo ni perfeccionismo, sino corrección y satisfacción personal.

Así, poco a poco, irán haciéndose músicos que tendrán toda su vida la música y el instrumento como aliados para su crecimiento personal y no músicos frustrados perdidos en el camino de la perfección que no saben ni donde dejaron el instrumento aquel día que se decepcionaron por no poder o no querer ser ni profesionales de esto ni los mejores del mundo.

JUGUETES, SIEMPRE JUGUETES

Mucho antes de que entre el mes de diciembre, las necesarias y esmeradas campañas publicitarias de tantas firmas comerciales vuelven a recordar a los niños y las niñas año trás año que vendrán los Reyes, Papá Noel, Santa Claus el padre, la madre, las tías los abuelos o las amistades familiares. Y que todos vendrán bien cargados de regalos de todo tipo, especialmente juguetes. Para hacer memoria utilizan los catálogos comerciales enviados a las casas - best-sellers infantiles de estas fechas y de todo el año, que podrían servir por iniciar los pequeños en la lectura- y utilizan la televisión -maravillosa caja luminosa de tantas maravillas consumistas- que lanza sus mensajes directamente al fondo del cerebro de los pequeños y de los mayores.

Por ello, como van cumpliéndose los ritmos anuales y ahora ya es el momento que es, no podemos rehuir el enfrentarnos con la experiencia real de elegir y encomendar los juguetes de Navidad y/o Reyes. Y por no errarlo masa y que nos salga de la mejor manera posible, deberemos hacer un esfuerzo y ponernos en el lugar de los pequeños para pensar qué sienten, como son, como piensan, qué sueñan, con qué objetos jugarán más y mejor.

Será necesario que los observemos y hablemos con ellas y con ellos, pero también que deberíamos aprovechar la oportunidad por registrar nuestros recuerdos de cuando aún teníamos pocos años y sabíamos por experiencia propia de juegos y de juguetes. Y gastábamos el tiempo al crecer y aprender a crecer con todos y todo lo que teníamos alrededor.

LOS JUGUETES...

Deberemos asegurarnos que los juguetes que elijamos sean seguros y que potencien su creatividad; que no los hagan ser más sexistas del que ya son por las mil influencias sociotelevisivas; que les ayuden a reconocer y expresar las emociones. Que sean unos juguetes sencillos y sirvan para jugar porque, si no, no serán juguetes aunque salgan a los catálogos, se anuncien a las televisiones y estén expuestos a las grandes superficies comerciales.

Y para acertarlo más es necesario que, antes de pedirlos a los Reyes o al Papá Noel, las niñas y los niños los miren y los palpen porque les entren por las manos además de entrarlos por los oídos y por los ojos. Hay que sacarlos de las cajas a los almacenes o probarlos a las ludotecas para que puedan percatarse de sus limitaciones antes de hacerse falsas ilusiones de jugar y que no se juegue.

Deberíamos procurar que regalar juguetes no sea solo una forma de quedar bien con los familiares y los amigos o que se note que somos los más espléndidos de todos. Queriendo quedar muy bien con muchos juguetes o juguetes muy caros quizá la única cosa que conseguiremos será fomentar la desmesura y atolondrarlos con demasiado cosas hasta que les ahoguemos incluso las ganas y posibilidades de jugar. Tener más juguetes no quiere decir jugar más.

LAS COSAS, LOS JUEGOS Y EL TIEMPO...

Y cuando más cosas tengan más querrán y más fácilmente se frustrarán cuando no tengan todo lo que pidan. Y la frustración constante que sufren muchos de los niños, adolescentes y jóvenes actuales acaba en agresividad y violencia, lo que después se sufre a la familia, en la escuela y el instituto o a las calles de las ciudades.

Por cierto, si somos capaces de recordar un poco en nuestros días de infancia, veremos como también, además de juguetes, será necesario que les proporcionemos a los hijos, hijas, nietos, sobrinas o hijuelos lugares y espacios n estar a gusto y jugar y compañeros de juego con quien hacerlo. Adivinanzas, cuentos, tonadas y canciones, bailes, carreras, árboles para subir, muñecas y casetas para recortar, piedrecitas por colocar. Rayuelas por botar, canicas por encadar, cuerdas para botar o libros por leer o escuchar como alguien los leo.

Y, también, fijémosnos que necesitarán tiempo, mucho tiempo libre para aprender a compartimentarlo, compartirlo, administrarlo y distribuirlo. Tiempo suyo y para ellos y tiempo nuestro -de los adultos que tienen más cerca-, también para ellos.

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