viernes, 3 de junio de 2016

EL DEPORTE INFANTIL, COMO ELEMENTO EDUCATIVO


En principio todos tenemos la idea
-más o menos reflexionada o intuitiva-
que practicar deporte de manera habitual es una actividad positiva para los niños y las niñas, especialmente si es un deporte de equipo.

A los niños y a la niñas desde muy pequeños les gusta el movimiento, la actividad física, con lo que aprenden a utilizar su cuerpo y a quemar energía. También, cuando van haciéndose mayores, les gusta realizar actividades con otros para sentirse miembros de un grupo y conseguir cosas juntos, sea un resultado de una competición deportiva, un dibujo colectivo o una actividad de investigación escolar. Y evidentemente, y así lo dicen los especialistas, que el deporte para los pequeños puede ser un juego, una fuente de placer por lo que tiene de actividad física, de superación personal y de relación con los otros, convirtiéndose en un elemento más de su educación. Pero un elemento que en principio es positivo puede llegar a transformarse en un conjunto de rígidas actividades y obligaciones que, en lugar de ayudarles en su evolución y crecimiento como personas del presente y del futuro, les complique su educación personal.
LA IMPORTANCIA DEL DEPORTE PARA LOS NIÑOS Y NIÑAS
Está claro que el deporte de equipo les da a los más pequeños la oportunidad de jugar en compañía, de sentirse parte de un todo que debe estar bien compenetrado y cohesionado por poder obtener resultados positivos, aunque los resultados del marcador del campo no debería ser l omás importante para los jóvenes deportistas sino el mismo hecho de jugar. Porque cuando nos referimos al deporte infantil debería quedar claro que más importante que ganar es:

  • Aprender a jugar juntos, experimentando directamente que lo que hace cada uno repercute directamente en el que hacen y harán los compañeros, y viceversa: el sentimiento de pertenencia a un grupo.
  • Sentirse necesario para el equipo y sentir como necesarios a todos los otros, ya estén en el terreno de juego o esperando como suplentes: la valoración personal.
  • Aprender a entrenar, a realizar unas actividades -físicas o no- que parece que no tengan que ver con jugar partidos, pero que son fundamentales por a poder jugar: la planificación y la constancia.
  • Saber que hay unas reglas, más o menos arbitrarias, que son las que conforman y enmarcan aquella actividad y la convierten en deporte: las normas en la vida.
  • Pasárselo bien jugando y entrenando, pero también comentando el partido o el entrenamiento, pensando y expresando como se han sentido jugando, ganando o perdiendo...: la reflexión personal y la comunicación.
  • Tomar el gusto a la actividad deportiva para que continúe practicando a lo largo de su vida, sea en equipo o individualmente: la educación física.
EL DEPORTE PARA EDUCAR, NO EDUCAR PARA EL DEPORTE
Según estudios realizados, las razones por las que los niños abandonan la práctica del deporte son, entre otros el conflicto de intereses entre las exigencias del deporte y otras actividades interesantes para ellos o la inconstancia propia de la edad por la que se apasionan temporalmente por una cosa y le olvidan después. Sin embargo, también, por el carácter demasiado serio del entrenamiento, por el lugar preponderante de la competición en el conjunto de la actividad deportiva, por las relaciones conflictivas con el entrenador y por no soportar la presión a que se le somete. Y lo más lamentable es que, a veces, son los padres quienes, sin quererlo, presionan a los pequeños y pequeñas deportistas para que tengan que ganar, se obliguen a ser los mejores y se sientan muy mal si no pueden hacerlo.
Por todo esto, cuando se trata de deporte infantil no se pueden marcar como objetivos el de educar para el deporte ni el de hacer deportistas de élite. Sino, al contrario hay que aprovechar lo que tiene de positiva esta actividad para educar, y propiciar que los niños y niñas se formen como personas que, en un porcentaje muy alto, no llegarán a ser deportistas profesionales y que, como mucho, podrán seguir a lo largo de la vida utilizando el deporte para distraerse, favorecer sus relaciones personales y mantener la forma física y psicológica.
Las madres y los padres tienen un papel muy importante en relación a la práctica del deporte de sus hijos e hijas, como principales responsables de su educación. Por ello, como en cada actividad que realizan, es necesario que los padres sepan qué es lo que pretenden facilitándoles a sus hijos e hijas la actividad deportiva, si quieren que sea un elemento más en su educación o que les complique la vida y dificulte su crecimiento como personas.
Si después de reflexionar se percatan que desean que el deporte ayude sus hijos en su educación física, emocional y relacional, deberán tratar de hablar con ellos cuando ganan y cuando pierden, cuando los ponen en el primer equipo y cuando los tienen sentados de suplentes, cuando marcan un gol o cuando no les han pasado el balón... E ir enseñándoles la necesidad de ganar para saber perder y perder para saber ganar, y que lo más importante no es ni ganar ni perder sino jugar y pasarlo bien. E ir facilitándoles herramientas para que aprendan a no sentirse humillados cuando pierden, fallan un tiro o se dejan marcar un gol; aceptar las decisiones del árbitro, aunque sean injustas porque el juego es el juego y tiene reglas; o sentir que el entrenador no les tiene tan bien considerados, o de igual manera, que se tienen ellos a si mismos... Y no solo hablar el padre o la madre sino ayudar a los pequeños a que cuenten lo que piensan y sienten en estas ocasiones, con lo que la actividad deportiva servirá para que aprendan a conocerse ellos mismos y expresar sus sentimientos y sus emociones.
Teniendo en cuenta lo que he expuesto arriba, la práctica del deporte de los niños y niñas les valdrá como un elemento positivo en su formación y crecimiento personal, siendo una parte más de su educación, que les ayudará a conseguir un estilo de vida saludable, una mejora en la motricidad, el aprendizaje del trabajo en equipo y de las relaciones interpersonales, el aumento de la motivación y la perseverancia, etc. Y, finalmente, sirviendo también como prevención individual y colectiva de muchos de los problemas que en los últimos años van surgiendo al llegar a la adolescencia o la juventud y que solo se pueden resolver de forma satisfactoria para la sociedad y las familias antes de que surjan, con la educación cotidiana de los más pequeños.

domingo, 29 de mayo de 2016

LA PARTICIPACIÓN INFANTIL EN LOS MUNICIPIOS Y OTROS ÁMBITOS SOCIALES

EL DERECHO A LA PARTICIPACIÓN DE NIÑOS Y ADOLESCENTES
A estas alturas no se puede negar la necesidad de potenciar y favorecer el derecho de niños, niñas y adolescentes a participar en todos los ámbitos de su vida. Tenía que ser por pura lógica, pero también porque lo dice la Convención de los Derechos de la Infancia, ratificada por el Estado Español, y la misma legislación española en diferentes normativas.
Cuando hablamos y escuchamos sobre la participación de niños y adolescentes nos debemos referir a la necesidad de que den su opinión en todos los ámbitos y en todas las cuestiones que les incumben; desde la familia a la escuela y al municipio o a la asociación deportiva. Está claro que la responsabilidad final sobre la educación en casa, las decisiones en la escuela o los proyectos municipales la tendrán los padres, el profesorado o los responsables políticos, pero sin rehuir la consulta, la negociación y la gestión de cuentas en cada nivel a los niños, niñas y adolescentes.
Es evidente que no deberá hacerse igual con un niño o una niña de tres años o de quince, porque su responsabilidad personal no es la misma, ni cómo entienden el mundo, cómo expresan sus opiniones o se les debe de informar sobre la decisión tomada. Pero tanto a los tres años como a los quince tienen cosas que decir sobre aquello que les concierne y, además, cada proceso negociador o de toma de decisiones es un escalón en su aprendizaje como persona y en el ejercicio de sus derechos ciudadanos.
Participar es un derecho que deben ejercer al vivir cada momento y al aprender a vivir para el futuro, en una dialéctica constante entre asumir responsabilidades sobre la propia vida y el compromiso con la colectividad. El aprendizaje de la participación de las personas debe de comenzar desde el principio, desde pequeños en casa, en la escuela, en la calle, en la falla, en el club...

CONSEJOS DE INFANCIA Y OTRAS FORMAS DE PARTICIPACIÓN
Estuve en Mislata los pasados 20 y 21 de mayo en el I Encuentro de Consejos de Infancia de la CV, con responsables políticos y sociales, consejeros y consejeras infantiles y técnicos municipales o miembros de asociaciones encargadas de dinamizarlos. Fue una experiencia interesante que me hizo poner la vista esperanzade en el futuro, desde un pasado bastante pobre aquí, en el País Valenciano. Además de dignas excepciones, este no ha sido un objetivo en los ayuntamientos además de –sí acaso- utilizar a las niñas y a los niños como guirnaldas en los actos municipales o floreros en las mesas de la alcaldía.
Los Consejos de Infancia representados en Mislata venían de Ayuntamientos que ya se toman más seriamente el papel de niños y adolescentes en la vida local del presente y del futuro. Hemos de tener en cuenta que las niñas y los niños deben vivir -y, a veces, sufrir- el presente, pero también el futuro que se va creando desde las decisiones de cada día. Por eso, es necesario que aprendan a decidir sobre su futuro desde la vivencia del presente y en cada uno de los ámbitos de su vida.
Se habla de Participación Infantil y automáticamente pensamos en Consejos Municipales de Niños y Niñas, Consejos de Participación Infantil... Pero, un Consejo de Infancia es sólo una de las maneras en que se puede conseguir que las niñas, niños y adolescentes participen en el municipio, un instrumento para que los niños y las niñas estén presentes de manera institucional en la agenda municipal, que se les tenga en cuenta y que, institucionalmente, estén; que se les permita y facilite opinar, aportar y evaluar en los programas de Infancia y en todos los demás, porque todos les conciernen como ciudadanas y ciudadanos del presente y del futuro. Por eso, sin lugar a dudas, además de los Consejos de Infancia han ponerse en práctica otras mecanismos de participación infantil en el municipio.
Si observamos cómo se crean y desarrollan los Consejos de Infancia veremos que los centros educativos suelen tener un papel importante. La mayoría de niños y niñas del municipio suelen estar en la escuela o el instituto, aunque también hay quienes vienen de otras localidades y quienes van a centros de otros pueblos. Pero, además, el hecho de realizar las elecciones a consejeras y consejeros infantiles desde los centros educativos y, también, reunirlos en horarios escolares, dentro el calendario escolar, hace que se mezclen los objetivos, los ámbitos y las responsabilidades escolares y municipales. Incluso, algunos centros asumen los representantes en el consejo como sus representantes y tratan los temas desde una visión, metodología y temática muy escolar. Está claro que el centro educativo debe atender a las necesidades de participación del alumnado, sí, pero como alumnado, en relación a la realidad educativa y ejerciendo los derechos que como escolares tienen dentro y fuera del centro. Tiene que haber –y hay- estructuras participativas en los centros escolares: asambleas, delegados, consejos escolares y se han de poner al alcance del alumnado desde muy pequeños, en un aprendizaje de la participación y el compromiso con el colectivo. Pero no tiene que confundirse la participación en el municipio con la participación en el colegio o en el instituto. Cada ámbito tiene unas características, unas necesidades y unos objetivos, sin que tengan que interferirse ni chocar sino, bien al contrario, complementarse y aprovechar los aprendizajes.
MECANISMOS PARTICIPATIVOS
Deben de ponerse en marcha Consejos de Participación Infantil en cada pueblo, por pequeño que sea, encontrando el mejor modelo de funcionamiento que permita que niños, niñas y adolescentes intervengan en los procesos de decisión y colaboren en diseñar sus espacios, las actividades dirigidas a ellas y a ellos y a reflexionar sobre sus inquietudes y necesidades en un diálogo constante con la realidad social que viven. Pero, como he dicho arriba, no sólo con la creación de los Consejos Municipales de Infancia se completa el mapa de la participación infantil. Habrá que encontrar mecanismos participativos en todos los ámbitos donde se mueven niños, niñas y adolescentes, ya que no debería valer buscarles las actividades más divertidas, las mejores soluciones a sus problemas o cubrir sus necesidades sin pedirles la opinión, negociar sobre sus intereses y responderles siempre a sus propuestas, explicándoles las razones de las decisiones. En Mislata, por ejemplo, había representantes también del Consejo de Niños de la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia.
Unos niños que aprenden a participar serán unos jóvenes y unos adultos participativos y comprometidos con el entorno y con la sociedad. Por eso, habrá que facilitarles el aprendizaje de la participación con unos adultos que deberán tenerlo claro, saber cómo y sin miedo a dar la voz a los más pequeños. Al contrario, derberán aprovecharse de su inocencia, de su sabiduría, de su generosidad y de la sencillez de sus soluciones a viejos y nuevos problemas, antes de que estén mediatizados por otros intereses y maneras de vivir la vida desde planteamientos adultos pero, a veces, poco adaptados a sus intereses reales. Una sociedad que dé la voz y haga caso a los pequeños es seguro que será una sociedad más justa y al alcance de todas las personas porque, ciertamente, suelen tener menos prejuicios y estar más cerca de la realidad.

Eduard Hervàs Martínez
Psic
ólogo y tècnico de Infancia y Educación
@psicofamilia
edhervas@cop.es

jueves, 17 de diciembre de 2015

LOS JUGUETES INFANTILES Y LA NECESIDAD DE JUGAR


Jugando, Jugando...

Como cada año por estas fechas, nos damos cuenta que llega la Navidad por las luces en la calle, el turrón en los supermercados y los catálogos de juguetes que nos dejan en el buzón, unos instrumentos  para conseguir poner en tensión a los niños y las niños y que empiecen a pedir; a escribir listas de regalos; a desear tener muchos juguetes, a querer abrir demasiados paquetes.

Hay muchas posibilidades de hacer regalos a las personas, queridas o no, pero el “juguete” continúa siendo un elemento fundamental cuando nos referimos a regalos e ilusiones infantiles y a los negocios adultos. Hay ropa, materiales de deporte, libros…; pero donde se centran la Navidad y los Reyes es en los juguetes, evidentemente .

Antes que nada, pregunto, «como podríamos definir el juguete?» Es fácil responder que es un objeto que sirve para jugar. Si continúo preguntando, «qué es jugar?», la cosa no es ya tan fácil, aunque la respuesta suele ser: «Jugar es... jugar»

Jugar es la manera que tienen los niños y las niñas de aprender y aprender a vivir. Si nos fijamos, desde que nacen, sin que nadie les tenga que enseñar, ya están jugando. Empiezan a jugar moviéndose y así aprenden a moverse, jugando a repetir una y otra vez el mismo movimiento hasta que lo dominan y empiezan otro. Después echan todas las veces la pelota o el muñeco fuera de la cuna o del parque, lanzan la bolita, saltan a la cuerda, suben a la silla, visten y desvisten la muñeca, tiran del camión, paran mesa con su vajilla y dan de comer a las muñecas o a la mamá.

Las niñas y los niños aprenden a vivir  jugando. A solas o en compañía, en casa, en la calle -cuando les dejan- o en el parque. También en la escuela, empiezan a aprender de letras, de colores, de formas y de cantidades, hasta que la escuela se olvida que jugar es la mejor forma, la forma natural de aprender. Van ensayando cómo ser mayores reproduciendo en sus juegos lo que hacen los adultos: padres y madres, maestros, médicas, policías…

Pero se puede jugar con juguetes o sin ellos. Y con juguetes fabricados expresamente para el juego infantil, aquello que denominamos específicamente como "juguete", o con otras cosas que no pensamos que lo son pero que realizan esta función: objetos de la naturaleza -palitos, piedrecitas, tierra, hojas de árbol,flores , agua...- o del mundo de los adultos -cazuelas, pinzas, trapos, cajas de cartón, ...-. También, se puede jugar sin nada, con el propio cuerpo y el movimiento: correr, bailar, subir, bajar o hacer cosas con las manos y los pies. Con todo esto juegan, todos hemos jugado.

Los juguetes, qué juguetes?

Ahora mismo el juguete se ha convertido en un objeto de consumo y de fabricación industrial, un gran negocio y muchos pequeños negocios, pero debe quedar bien claro que lo que importa no son los juguetes sino el juego mismo, el hecho de jugar y facilitar que se juegue. Además, con juguetes o sin ellos, las niñas y los niños necesitan tres elementos muy importantes para poder jugar: tiempo, espacio y otras personas, tres elementos que los adultos les deberemos facilitar para que tengan un desarrollo como debe ser. Con el juego con personas, en un lugar y un tiempos determinados aprenderán a vivir y a relacionarse con otras personas, a gestionar el tiempo y a responsabilizarse del espacio.

Pero estamos cerca de la Navidad y Reyes, tiempos de regalos e, incluso, de juguetes, por lo cual aprovecharé para hacer un resumen de los requisitos que necesitan cumplir esos juguetes que iremos a comprar para que puedan ser elementos positivos para el juego:

  •  Los juguetes debnen dejarse jugar, no pueden ser objetos que jueguen solos en el suelo o encima de la mesa, porque esto no sería jugar; jugar es acción e interrelación niños-juguete, niños-niños.
  • No deberían centrarse en las diferencias de género, ni «de niño» ni «de niña»; si lo hacen, no les ayudarán a hacerse mayores alejándolos de prejuicios sexistas.
  • Mejor pocos que demasiados; que la cantidad complica el hecho de jugar, favorece el consumismo desbordado y, además, después hay que recogerlos y esto suele complicar la vida familiar.
  • - Debemos garantizar que sean seguros, que no se rompan y puedan lastimales, que no tengan piezas pequeñas que puedan ser peligrosas, según la edad.

En resumen, lo más importante que hacen los niños y niñas es jugar, empezando a comprender y aprender el mundo que les rodea y ensayando su futuro. Los padres y las madres tienen la responsabilidad de su educación y, con esto, la responsabilidad de sus juegos y con qué juegan. Ahora es más difícil que jueguen con otros niños en la calle, porque la calle no se considera segura como antes y no se les deja salir libremente a jugar. Por eso debemos buscarles alternativas: parques, ludotecas, las casas de las amistades; lugares donde haya otros niños y pueda haber algún juguete.

Vales de juego: otros regalos que hacen jugar también

Pongo a vuestra disposición un álbum de actividades dónde con una larga serie de regalos, («vales de juego») que no son juguetes y que los padres y las madres pueden aprovechar para estar juntos con las hijas e hijos,  hacer la vida y el futuro en compañía. Y, claro, pasarlo muy bien e inventar nuevas maneras de relacionarse y de vivir en casa y fuera. Sólo hay que abrir, imprimir, recortar y atreverse a compartir esta compilación de actividades diferentes y muy baratas, que es seguro que los gustarán.

Descarga  "Vales de Juego"
Descarrega "Vals de Joc"


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Eduard Hervàs.
Psicòleg

@psicofamilia

jueves, 10 de septiembre de 2015

CRECER Y HACER CRECER EN EL NUEVO CURSO ESCOLAR


Vuelve septiembre, empieza el curso escolar y miles de alumnos vuelven a la escuela o al Instituto. Van por primera vez, cambian de curso o de etapa, con el mismo o diferente profesorado, centro, compañeros y compañeras, amistades...
Un nuevo curso es siempre un sinfín de novedades y de cambios para las familias, que deberán aprender y aceptar las reglas que conforman las relaciones con el sistema, con los compañeros, con el profesorado y con la propia familia y comunidad. Las madres y padres de los más pequeños –supuestamente más las madres- seguirán muy pendientes de lo que les pasa o les debería pasar y van regulando de alguna manera los contactos con los maestros. Y es una lástima que sólo sean las madres y que, cuando los hijos e hijas se van creciendo, ellas -y los padres- van alejándose poco a poco de la escuela y del instituto. Porque es necesaria una complicidad, cada cual desde su responsabilidad, entre la familia y el centro, entre los padres y el profesorado.
Las familias habrán gastado unos centenares de euros en los libros, cuadernos, libretas y otros complementos. El cambio en la gestión las ayudas para libros se atisba como un rayo de esperanza en algunas zonas. Habrá que aprender a cuidarlos al saber que al final del curso se deberán devolver para recibir la segunda parte de la ayuda y dejar el libro en el aula para los compañeros y compañeras del curso que viene. Si es una mejora que facilita la economía familiar es también un reto en cuanto al aprendizaje de la responsabilidad personal y de grupo en el respecto al material escolar.
Sin embargo, suponemos que deberán llevar todavía los libros cada día arriba y abajo en la mochila correspondiente que, en teoría, no tendría que pesar más del 10% del escolar. Y, mejor, con ruedas o muy pegadas a la espalda. Por cierto, llevar la mochila o la bolsa es cosa de los y las escolares, no de la madre ni de los abuelos. Esto es también un aprendizaje de la responsabilidad propia y del crecimiento como persona.
Y pronto vendrán los deberes, aquellas tareas cotidianas impuestas cada día desde la clase para casa y que -demasiadas veces- son también un cotidiano martirio familiar. Sin que se haya demostrado que sirvan para aprender más de lo que se aprende en la clase.
Volverán los conflictos a la hora de acostarse por la noche y levantarse por la mañana, cada día y también sábados y domingos, y habrá que controlar las actividades de pantalla -tele, Internet, teléfonos, tabletas- Y quizás todavía quieran jugar a juegos cara a cara con amigas amigos, si es que han llegado a aprender y todavía no lo han olvidado.
Y con todo este panorama, ¿qué pueden hacer las madres y padres para asumir su responsabilidad de criar y educar para que hijas e hijos saquen un buen provecho del curso que empieza?

10 PUNTOS A TENER EN CUENTA
Enumero algunas cuestiones que habrá que reflexionar y debatir en casa entre la pareja, a solas o en compañía de otros con similares intereses educativos y que servirán para iniciar con seguridad y buen paso el camino del curso.
  1. Se debe ir a la escuela o el instituto a conocer el tutor o tutora de los hijos y anotar en el calendario o a la agenda del móvil las fechas de reuniones periódicas programadas. Y, además, planificar reuniones sin esperar que haya problemas, porque hay que hablar también cuando las cosas van bien, y afianzar la necesaria complicidad formativa.
  2. Hay que marcar un tiempo máximo para hacer los deberes en casa: entre 20 minutos los pequeños a hora y media los mayores. Y si no los terminan, que asuman su responsabilidad con el profesorado. Lo mejor sería negociar con el tutor o tutora y acordar que cuantos menos deberes ponga, mejor para todos.
  3. Importante será negociar y anotar las tareas que los hijos y las hijas deben realizar en casa desde muy pequeños. Tanto las que son responsabilidad propia (habitación, juguetes, ropa, libros....) como la participación en las que son familiares; y exigir que las hagan. A cambio de nada, claro.
  4. El padre y la madre deben programarse un tiempo para hablar sobre los hijos y las hijas, cuando no estén delante. Si no puede ser diario que sea en días alternos. Y que todo ol que les manden, les exijan o nieguen sea siempre en nombre de los dos, lo diga quién lo diga.
  5. Y es necesario que el padre y la madre encuentren tiempo cada día para hablar, jugar, pasear, hacer trabajos manuales, coleccionar o explorar Internet con cada hijo o hija. Y el fin de semana un poco más, a solas y todos juntos.
  6. Hay que hacer un esfuerzo familiar para facilitar a los pequeños y mayores experiencias interesantes, donde puedan aprender otras cosas que no se aprenden en la escuela: deportes diferentes y alternativos, colecciones, viajes, visitas familiares, ayuda a otras personas...
  7. Deben planearse también el tiempo diario y semanal de actividades con las pantallas y pantallitas y proporcionarles actividades de aire libre y de relación con otras personas, en directo, cara a cara, sin trampas ni excusas.
  8. Tendrán que recordar no dejarles pasar ninguna conducta negativa sin que los menores se den cuenta que han actuado mal, y que aquello que hacen mal llegue a costarles algo. También, reconocerles cuando hacen las cosas muy hechas y como es debido. Por eso, se les debe dejar claro qué se espera de ellas y de ellos, y empezar a negociar.
  9. Deberán poner atención en no darles enseguida todo lo que piden y que los cueste esfuerzo y tiempo ganarse las cosas. Con el esfuerzo les darán valor y con el tiempo aprenderán a esperar, uno de los mejores aprendizajes de la vida. Porque no puede ser ni tenerlo todo ni tampoco tenerlo ahora mismo.
  10. Es importante hacer-les ver que son personas importantes para la familia, para el padre y la madre, los hermanos, abuelos y resto de familiares; que les quieren mucho. Y se debe favorecer unas relaciones familiares cotidianas con la familia extensa, que les ayudará a encontrar su lugar en el mundo a lo largo de la vida.

CRECER Y HACER CRECER
Si la madre y el padre tienen en cuenta estos puntos y acostumbran a ir poniéndolos en práctica desde que los hijos e hijas son pequeños, habrá muchas posibilidades que tengan unos comportamientos adecuados cuando vayan haciéndose mayores. Si han pasado estos primeros años sin poner demasiada atención en todo esto, también pueden ir reaprendiendo poco a poco; es caso de darse cuenta, tomar conciencia y ponerse a la tarea de educar.
Se necesita tiempo y dedicación, pero esto es ser padre y madre, dedicarse desde que los hijos e hijas nacen hasta que puedan ser autónomos y responsables de si mismos e independientes en la vida. Esto es crecer y hacer crecer.

viernes, 19 de diciembre de 2014

JUGAR NO ES TENER JUGUETES, NI QUERER ES REGALAR.



JUGAR NO ES TENER JUGUETES, NI QUERER ES REGALAR.
(UNA OFERTA DE REGALOS ALTERNATIVOS Y GRATIS)

La Navidad se ha convertido en la fiesta del consumo. Es el momento del año en que nos planteamos y nos permitimos regalar, demasiadas veces de forma compulsiva, si nos lo permite el bolsillo. O con cierto sentido de culpa si no podemos comprar y ofrecer a los pequeñs todo aquello que sale por  la tele y en los catálogos, y ellas y ellos apuntan con el dedo o escriben a la carta a los Reyes.
Ni hace falta decir que los mejores juguetes no son los que se juegan solos, ni los que los encierran en casa ante una pantalla o pantallita y ejercitan los dedos pulgares; o los que reproducen los roles sexistas y hacen a los hombres chicos valientes, técnicos y guerreros y a las mujeres chicas dulces, figurines o amas de casa. Ya es muy sabido y repetido por los mismos medios de comunicación que nos agobian con juguetes de estos.
Está claro que el "juguete" es un artículo de consumo, además de un elemento que tendría que facilitar el juego de niñas y niños y ayudarles a crecer y a aprender a moverse, a relacionarse y a vivir. Porque jugando es como los bebés van haciéndose mayores, *ensayando movimientos como, después, los niños ensayan la vida adulta, despacio, con sus juegos, divirtiéndose, como suelen hacer los pequeños si les dejamos.
Los juguetes que se venden en las tiendas físicas e internéticas pueden facilitar este crecimiento personal, como pueden también dificultarlo. Del mismo modo que el hecho de agobiarlos a cajas y paquetes con juguetes y más juguetes les complicará que puedan saborear cada uno de ellos e, incluso, jugar. Aquella agitación que los adultos podemos explicar como “tanta ilusión” tendríamos que explicarla, mejor, en términos de confusión e hiperexcitación. Y que aprendan que la cantidad es preferible a la calidad y que no es necesario tener mucho para poder disfrutar de lo que se tiene.
Además, recordamos que jugar no es aquello que se hace con los juguetes -a veces, sólo mirar o desempaquetar- sino que jugar es una actividad infantil necesaria que se puede hacer con juguetes comprados, con juguetes rotos y reciclados, con utensilios del mundo adulto o sólo con el cuerpo, el movimiento y/o con las amigas y amigos o los adultos cercanos.
Pero aquello que les gusta a los niños y a las niñas es poder compartir la vida con los padres, madres, hermanos y otros parientes y amigos, aprendiendo la vida, con actividades cotidianas y extraordinarias que les haran reir y vivir y tejer su historia personal y común.
Por eso, huyendo un poco de los catálogos de los grandes almacenes, os regalo un álbum de actividades (Vales de Juego), casi todas gratis, que podéis regalar a vuestros hijos e hijas, nietos, sobrinas, para comprometeros con ellos a lo largo de todo el año a hacer cosas juntos. Y cuando pase el año y hayáis gastar todos los cromos veréis cómo es uno de los mejores regalos que os han hecho y les han hecho.
Y, por cierto, que la Navidad consumista no aplaste lo más importante que todavía podemos encontrar entre papeles de colores, ruidos y reclamos publicitarios, las relaciones familiares tranquilas, con tiempo, donde los más pequeños podrán aprender que la família es importante e, incluso, divertida.
Felices Navidades y Buen Juego para todo el año que viene!

VALES DE JUEGO: DESCARGA




 


domingo, 31 de agosto de 2014

A TENER EN CUENTA PARA EL CURSO QUE COMIENZA Y LA VIDA QUE CONTINÚA




EMPIEZA UN NUEVO CURSO Y CONTINÚAN CRECIENDO.
 
Ha pasado el verano y, como cada septiembre, se inicia un nuevo curso escolar. Este año, según parece, unos días antes y un poco más complicado por algunas decisiones de los responsables políticos, la crisis económica, la falta de becas, etc.
Miles y miles de niñas, niños y adolescentes vuelven a la escuela y al Instituto. Algunos será la primera vez que van, o habrán cambiado de etapa (de Educación Infantil a Primaria o a Secundaria), de centro, de profesorado, con nuevos amigos y compañeros...
De alguna manera, un nuevo curso es siempre un sinfín de novedades para el alumnado y para las familias, que tendrán que aprender y aceptar las reglas que conforman las relaciones entre iguales, con el sistema o con el profesorado.
Cómo todos los años, las madres y padres de los más pequeños –normalmente, las madres- estarán muy pendientes de lo que los pasa o les tendría que pasar y van regulando de alguna manera los contactos con los maestros. Si los pequeños van aprendiendo, curso a curso, a ir al colegio, una buena parte de las familias parece que van aprendiendo también a dejar de relacionarse con la escuela y el profesorado, y es una lástima.
Las familias se habrán gastado unos centenares de euros en los libros, cuadernos, libretas y otros complementos y después los hijos e hijas deberán llevarlo, día a día, mañana y tarde, en su correspondiente  mochila que, teóricamente, no debería pesar más del 10% del peso del escolar. Si no han empezado a trabajar con la tablet u ordenador en el Instituto o en el Colegio.
Y pronto vendrán los deberes, aquellas tareas directamente impuestas cada día por el profesorado al alumnado y que son martirio cotidiano para alumnado y su familia, sin que se haya llegado a demostrar en ningún lugar que sirvan para aprender más de lo que se aprende en la clase.
Surgirán los conflictos ala hora de acostarse por la noche y levantarse de la cama a hora, entre semana y sábados y domingos, y habrán debido de controlar las actividades de pantalla -tele, internet, teléfonos, tablets- para que no interfieran demasiado en la vida familiar y escolar. Y quizás todavía quieran jugar, si es que han llegado a aprender y todavía no lo han olvidado.
Con todo este panorama, qué pueden hacer las madres y padres para que hijas e hijos saquen el mayor provecho de los meses del curso que empieza?
DIEZ PUNTOS A TENER EN CUENTA

Dejadme, únicamente que haga algunas propuestas para que las debatan el padre y la madre, a solas o en compañía de otros con los mismos intereses educativos, y las ponen en práctica. O, al menos, que sirvan para iniciar una reflexión personal o como punto inicial de debate. 
  1. Hay que ir a la escuela, conocer el tutor o tutora de los hijos y anotar en el calendario o en la agenda del móvil las fechas para reunirse periódicamente, sin esperar a que los maestros llamen cuando hay problemas. Y hablar, también, cuando las cosas van bien y para que vayan mejor.
  2. Tendrían que poner un tiempo máximo para hacer los deberes en casa: entre 20 minutos los más pequeños a hora y media los más mayores. Y si no los hacen, que se las arreglen con el profesorado. Lo mejor sería negociar con el tutor o tutora y acordar que, si no hay deberes, mejor.
  3. Es importante establecer las tareas que deben realizar en casa los hijos o hijas, desde pequeños. Tanto las que son responsabilidad suya (habitación, juguetes, ropa, libros....) como la participación en las que son familiares y exigir que lo hagan.
  4. El padre y la madre tendrían que programarse un tiempo diario para hablar sobre los hijos, cuando los hijos no estén delante. Si no puede ser a diario que sea día-si-día-no un poco más largo. Y que todo lo que les digan o les hagan hacer o no hacer sea siempre en nombre de los dos.
  5. También, cada padre o madre tendría que encontrar unos minutos al día para hablar, jugar, pasear, hacer trabajos manuales o explorar la internet con cada uno de sus hijos. Y el fin de semana un poco más, a solas y todos juntos.
  6. Se deben facilitar a los pequeños y mayores experiencias interesantes, actividades donde aprendan otras cosas de las que no se aprenden en la escuela: deportes diferentes y alternativos, colecciones, trabajos manuales, ayuda a otras personas...
  7. Deberían plantearse y conseguir limitar el tiempo diario y semanal de actividades con las pantallas y pantallitas. y proporcionarles actividades de aire libre y de relación con otras personas, en directo, sin trampas ni excusas.
  8. Haría falta no dejarles pasar ninguna conducta negativa sin que se dan cuenta de que se han comportado incorrectamente, y que lo que hacen mal les llegue a costar algo. Y, también, reconocerles cuando hacen las cosas bien hechas.. Por eso, deben tener claro qué se espera de ellos, y poder negociar como y cuándo.
  9. Deben estar atentos en no darles enseguida todo lo que piden; que les cuesto esfuerzo y tiempo ganarse las cosas. Con el esfuerzo les darán valor y con el tiempo aprenderán a esperar, uno de los mejores aprendizajes de la vida. Porque, aunque vayamos en contra de lo que predican las pantallas, no puede ser ni tenerlo todo ni ni tenerlo ahora mismo.
  10. Y hay que hacerles ver que son personas importantes para la familia,para el padre y la madre, los hermanos, abuelos y demás familia extensa, y propiciar unas relaciones familiares que les ayudarán a encontrar su lugar en la vida.

CRECER Y HACER CRECER
Si la madre y el padre tienen en cuenta estos puntos y toman la costumbre de ir poniéndolos en práctica desde que los hijos e hijas son pequeños, habrá muchas posibilidades de que tengan unos comportamientos adecuados cuando vayan creciente. También pueden ir lográndolos si no los han puesto en práctica desde el principio; todo es darse cuenta, tomar conciencia y ponerse a la tarea.
Se necesita tiempo y dedicación, pero esto es ser padre y madre, dedicarse desde que los hijos e hijas nacen hasta que puedan ser autónomos y responsables de ellos mismos e independientes en la vida. Esto es crecer, y hacer crecer.

Eduard Hervàs
Psicólogo Clínico
@psicofamilia